¿Quién no ha querido alguna vez ir a Nunca Jamás o surcar los aires junto a Campanilla?.
Uno de los mejores, es cuando Barrie se dirige al hermano mayor, que tras un ejercicio de madurez dialéctica, le dice que en un instante de los últimos 30 segundos se ha convertido en adulto.
Otra escena importante, es el momento metafórico y onírico de la muerte de la madre de los niños (inigualable Kate Winslet), una puesta en escena magistral.Y cómo no, la representación de la obra, cuando la cámara hace esos giros vertiginosos para terminar en la cara de un Peter alucinado.
Pero existe una escena que destaco por encima del resto. El último plano en el que Barrie y Peter comparten sus penas en un banco de Kensington Garden. Ese único momento vale un Oscar para el jovencito. La tristeza que expresa por la perdida de su madre y la incompresión de la muerte traspasan la pantalla haciéndote cómplice de su dolor y provocando las inevitables lágrimas, todo acompañado de un extraordinario travelling y fundido que completan esta sinfonía visual.
Me quedo con el “Just Believe” de Barrie. -sólo cree Peter, y la verás.
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