“28 minutos” después es lo que podría haber durado la película, convirtiéndose en un corto memorable y alzar al olimpo a su creador. 

Pero todo no podía ser perfecto y tras un arranque apoteósico en el que Fresnadillo se ha dejado la piel, pasamos a una serie de “errores” de los que siempre hay, pero que sólo los mejores saben lidiar con fortuna y pasan inadvertidos para el espectador. En este caso no ocurre así y hace que te plantees determinados hechos.

  1. ¿por qué esa obsesión repetitiva de mostrar a cuatro tiradores desde las alturas vigilando una zona que se da por segura, en vez de centrar sus esfuerzos en la periferia?
  2. ¿por qué el director no prestó más atención a las emociones de unos niños que descubren que su madre ha muerto en vez de obsesionarse con que ella parezca una muñeca y él el cantante de Keane?
  3. ¿cómo es posible que dos niños escapen por un puente totalmente militarizado?
  4. ¿ por qué ante un “código rojo” encierran a todo el mundo en un sótano y apagan las luces?; ¿acaso no buscas un estado de calma para que no cunda el pánico? Y qué decir de esa puerta de atrás que siempre queda abierta.
  5. ¿ por qué una mujer que es genéticamente especial y se supone que debe estar rodeada de máxima seguridad se queda totalmenete sola al acecho de las bestias?

Son muchas las preguntas sin repsuestas que como espectador me hago, lo que reduce la credibilidad y a su vez el buen hacer del director. A pesar de estos detalles, es indiscutible que Juan Carlos Fresnadillo es un director con sello propio. Desde esos planos ten cercanos y rápidos, trepidantes cada vez que hace su aparición un infectado, flitros de color, planos aéreos, planos detalle, etc.

La escena con la que arranca el film es excepcional, la irrupción de los infectados por el virus de la IRA es sobrecogedora y visceral, sobretodo cuando Robert Carlyle tiene que elegir entre su vida y la de su mujer. La persecución por el campo no tiene comparación, que decir de los planos aéreos que te ponen los pelos de punta al ver lo cerca que tiene a los infectados y que deja patente que van a por él, que en la inmensidad de la campiña inglesa el único objetivo es él.

Otro elemento destacable es el que nos muestra la paradoja de ser portador del virus y poder transmitirselo a alguien que acaba con tu vida. Pero ¡ojo! esa escena tan cruel, a mi parecer sobraba. Podían habérsela ahorrado y la película no perdería un ápice de realismo.

Por último me quedo con la secuencia del metro, tiene su toque Bruja de Blair pero no deja de ser una genialidad.

En definitiva; un film que no da para mucho más, con grandes dosis de autor, bonito reportaje aéreo de Londres y que deja un final abierto para que el propio Boyle termine dandonos la cura al inquietante futuro que aguarda a la humanidad

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2 Responses

  1. Berni

    No sé si han sido 28 las semanas que han pasado hasta este cambio de diseño de la web pero … me encanta!!!

    Enhorabuena, Miguel

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  2. El fin de las vacaciones. at

    […] Durante las vacaciones da tiempo a muchas cosas como por ejemplo desconectarse de la red, de la televisión, a encontrar aficiones nuevas, desgustar los placeres de la tierra, leer más libros en un mes que en dos o tres años, pasar eternas jornadas frente al mar, olvidarte de la cartelera, de la vida en general, ¿cómo? ¿de la cartelera? no,no.. mejor dicho, que el cine se olvida de nosotros porque si existe una temporada del año en la no hay nada decente que ver en las salas esa es el verano. La prueba es que he visto tres películas en un mes y una de ellas fue una revisión en DVD, la magistral Trainspotting, obra maestra de Danny Boyle, autor capaz de grandes proezas como de grandes bodrios. (Seguro que es primo de Ridley Scott), y otros dos títulos, uno de ello ya comentado, “The Simpsons” y “La última legión”, que bien podría haberse titulado “El último tostón”. […]

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