La última comedia de Emilio Martínez-Lázaro es un divertido cruce de guerra de sexo con guerra regional, en la que un joven andaluz, al que da vida Dani Rovira se enamora de una chica vasca interpretada por Clara Lago.  Cierto es que la película tiene un aura fallida, como de rodada sin interés, por encargo, con un desarrollo plano, con escenas carente de personalidad y arrojo como en las escenas de violencia, pero en cierta medida como espectador se perdona por la aparente falta de presupuesto.

Respecto del guion cuesta más permitir excepciones, porque también es cierto que se podría haber explotado mucho más el nacionalismo español, el vasco, los tópicos, Sevilla, el País Vasco…(es una especie de “Bienvenidos al norte” pero más ligera), y esa sensación de quedarnos siempre a medias. El más claro ejemplo lo tenemos en la parte final de la boda, donde faltan excesos, amor, humor y un vertiginoso desenlace desmadrado

Dani Rovira, al que ya todo el mundo conoce por el excelente monologista que es, borda su papel , tirando por completo de la película, junto a una Clara Lago algo ausente  y un Karra Elejalde que da tono a la parte vasca. Carmen Machi pone el acento más intimista y melancólico del metraje. Excelentes son las apariciones de Alfonso Sánchez y Alberto López, que da mucha vida y son el perfecto enganche entre escena y escena.

Pese a todo es una película a la que el boca a boca la va a tratar muy bien, que todo el mundo va a ver porque quien más y quien menos se verá reflejado y en la que recubre un aura mágica, acogedora y reconfortante, como de artesanía teatral en la que los espacios y el uso de la luz generan una armonía muy agradecida y que seduce al espectador por completo.

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