Llevaba tiempo buscando la ocasión para ver la última película de Joe Wright (Orgullo y Prejuicio, Expiación), primero porque sus trabajos previos me parecen muy interesantes, segundo porque el trailer era muy sugerente (especialmente por su música, “Nero” de Thomas Bergersen) y tercero porque las críticas que había oído, así como su escasa visibilidad en los Oscar eran contradictorias con la idea que tenía al respecto.

Pues bien, a los 15 minutos de comenzar la película es evidente lo que ha sucedido. La película se vendió como un fuerte drama romántico y con los precedentes de este director, el perfil que suele representar Keira Knightley y que todos sabemos muy bien de que va la historia de Anna Karenina, el espectador esperaba encontrarse algo en esa linea. Por el contrario tenemos una película muy teatral, puramente pictórica en la que Joe Wright lleva al máximo su recurso favorito, el plano secuencia que tan buen resultado le dio, por ejemplo, en el arranque de “Orgullo y Prejuicio”, en el que entra y sale de la casa en su sólo plano y nos muestra la estancia y los personajes de un plumazo. Algo sensacional, sin duda.

En esta ocasión cuentan con un escenario, un teatro de Ópera y poco más. En estos pocos decorados representan todos las localizaciones, pasando de una a otra con la cámara recorriendo las entrañas y jugando al despiste con el espectador y como si de un juego de telones de teatro se tratase pasamos de una situación a otra prácticamente sin darnos cuenta.

La fotografía es sensacional, el manejo de las luces te atrapa dentro del cuento y realmente pareces estar en un teatro. El vestuario es otra de las piezas claves, por ello ganó el OSCAR este año. Keira Knightly va camino de convertirse en la musa del traje en la pantalla.

La banda sonora de Dario Marianelli juega otro papel determinante, mezclando sabiamente los sonidos de los objetos con la propia música, como ya hizo con “Expiación”, lo que le valió también el OSCAR.

Pero os preguntaréis, ¿si tan buena es, qué ha sucedido para tener tan poca repercusión?

Muy sencillo, lo primero es que el trailer lleva a un público equivocado a las salas, un público no acostumbrado a una realización tan atrevida y experimental y lo segundo es que este tipo de montaje visual, este juego de engaño visual, donde una puerta, un cortina o cualquier objeto pueden transportarte a otro escenario provoca en el espectador una sensación de incredulidad, te abstrae de la historia y te secuestra con su magia visual, teniendo al final un paquete tecnicamente perfecto y rebosante de arte pero cuyo contenido pasa inadvertido, con la excepción de alguna ingeniosa linea de guión en relación al sistema establecido, creada por Tom Stoppard (ganador del Oscar por el guión de Shakespeare in Love).

Os dejo con alguna de las escenas más memorables de la película, como el baile entre los protagonistas, algo sublime.

Related Posts

Leave a Reply

Your email address will not be published.