Esta entrada está dedicada a esos momentos en los que uno desearía fundirse con la pantalla, ir más allá y disfrutar de esas bellas vistas que el celuloide nos brinda, acompañado de buena música y sin nada más que la sensación de vagar por la cálida luz del atardecer, del ocaso del día y de esos melancólicos instantes en los que es inevitable quedarse embobado ante la belleza de la naturaleza.

La primera película que me viene a la cabeza es “Muerte en Venecia” de Visconti  que cuenta con una de las mejores piezas musicales de la historia en perfecta armonía con el atardecer en los canales venecianos.

 

La verdad es que no sé muy bien como empezar este comentario para hacer honor a tanto arte sumergido en esta obra. Es una combinación magistral de música e imagen, de una belleza sublime que roza la más absoluta perfección, una de las más bellas y particulares sinfonías en Do menor y uno de los lugares más bellos del mundo, que combina el aplomo de siglos de historia, del nacimiento de nuestra cultura, del resurgir del arte y una naturaleza en consonancia y respeto con el delicado urbanismo veneciano.
Gustav Mahler fue ese genio. Compositor checo de cambio de siglo, entre el XIX y el XX, uno de los más grandes post-románticos que ha habido, que gracias a su infancia trágica, en la que la muerte de 9 de sus 15 hermanos que no sobrevivieron a la infancia y al maltrato que recibía de su padre hicieron de él un ser especialmente sensible. Todo esto se materializó en su quinta sinfonía.
 

Muerte en Venecia es una de las obras más importantes de Visconti, que en parte está basada en la propia vida de Mahler, en sus últimos días de existencia. Cuenta la vida de un viejo compositor que al final de su carrera se retira a Venecia, a contemplar la belleza del lugar, donde se enamora de un joven del que queda prendado.

La película empieza con uno de los más increibles crepúsculos jamás filmados, sobre las orillas de Venecia, todo acompasado de la sinfonía de Mahler, formando una perfecta unión entre ambos. La música contrasta la intimidad con el bullicio,  y la imagen enfrenta todo ese sosiego veneciano al atardecer con un barco a motor expulsando un humo negro, que enturbia el ambiente. Un mundo bello y armonioso en disonancia con esa sociedad corrompida y sucia que invade la pureza de la naturaleza.

El alegato a la belleza, a la pureza, a la búsqueda de una exquisita perfección, del sublime instante en el que tu existencia queda a merced de una emoción…todo eso y mucho más podréis llegar a sentir al ver caer el sol sobre las aguas de Venecia mientras escucháis la quinta sinfonía de Gustav Mahler.

No dejéis pasar la ocasión de sentir todo esto y sobre todo visitad esta bella ciudad acompañados de la persona que más amáis.Os dejo con lo mejor que he podido encontrar en la red.

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2 Responses

  1. Guillermo!!

    Yo prefiero mil veces los amaneceres, que normalmente son menos agradecidos de filmar por el tipo de luz, pero si se hace bien, son increibles.Y no sólo cinematográficamente hablando, si no personalmente me encantan los amaneceres. Con esos primeros rayos de luz iluminando todo poco a poco timidamente, pero conservando el fresco de la noche. Al tiempo que los tonos claros van tomando posición en el cielo, todo comienza a funcionar, es el principio de un día, todos seres se ponen a funcionar, las plantas dejan de echar dioxido de carbono y deciden empezar a generar oxigeno, los animales se despiertan dispuestos a vivir un nuevo día, y todo lo que haya pasado anteriorente se difumina viendo al amanecer, es la pua representación de que aún nos queda todo por delante, donde realmente te das cuenta de que todo lo que está a tu alreddor comienza a tomar forma y que no importa lo que haya pasado antes por que todo vuelve a empezar de cero, igual que lo hizo ayer, e igual que lo hará mañana.

    Me parecen increibles los amaneceres, sinceramente. Y cinematográficamente yo los usaría en la escena final de una historia, y esque, pase lo que pase, la vida sigue su curso continuamente. Incluso cuando nosotros ya no estemos aquí.

    Eso es la belleza de la vida. Y sólo lo podrá entender quien haya tenido la oportunidad de disfrutar con todo lo que le rodea y saber apreciarlo.

    La verdad es que son mi debilidad. Y si hay una cosa mejor que ver un amanecer en algún lugar que te permita apreciar todo tu entorno (sea una playa, un atico en un edificio, en una calle tipo Gran Vía de una ciudad despues de una buena noche o el propio campo) es, sin duda, acerlo acompañado.

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