En una semana de reencuentros con el buen cine revisamos “Blue Jasmine”, la última película del maestro Woody Allen con Cate Blanchett en el papel que le ha valido un segundo Oscar en su magnífica carrera interpretativa.

Al igual que la buena literatura la historia transcurre a través de las pasiones humanas, los sentimientos y el retrato de nuestra sociedad, sin importar de donde viene y a donde va la historia. Curiosamente el drama se narra en la ciudad de San Francisco, famosa por atraer indigentes a sus calles por los subsidios que allí reciben, situación a la que parece abocada la protagonista.

Jasmine French (Cate Blanchett) es una dama de la alta sociedad neoyorquina caída en desgracia. Casada con un mago de las finanzas interpretado por Alec Baldwin, Jasmine se traslada a San Francisco a casa de su hermana Ginger donde tratará de recuperarse de una crisis nerviosa y empezar una nueva vida.

La historia de su pasado y su presente se van narrando en un montaje paralelo, orquestado por el baile emocional de Cate Blanchett que poco a poco va sumiéndose en la desesperación por la vida perdidad y por el presente y futuro que se le presenta. La película es totalmente ella y aunque los secundarios aportan algo de humor no hay cabida para nada más.

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