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Adaptación literaria

Dorian Gray.

Película estrenada hace algo más de un año y que por fin llega a nuestras pantallas. “Historias de CINE” tuvo la suerte de estar ahí y poder disfrutar de la belleza natural de Ben Barnes, el Dorian del film y de unas palabras del director, que obsesionado con la obra de Oscar Wilde acabo recurriendo a uno de sus dichos, “la mejor forma de vencer una tentación es cayendo en ella”, y con esas se puso manos a la obra con la película que a continuación comentamos.

“Dorian Gray” no llega a ser un fiel reflejo de la gran obra maestra que en su día escribió Oscar Wilde pero la adaptación es magnífica. Los elementos que incluyen dan más valor y enfatizan con fuerza el carácter de los personajes.  Ben Barnes (pese a ser moreno y no rubio con ojos azules como debiera) es uno de los mejores Dorian que he visto, lo que me hace pensar que tras papeles aventureros como los interpretados en “Stardust” y “Las Crónicas de Narnia”, ya está listo para dar el salto al drama. Estaremos atentos a su evolución.

Colin Firth está sensacional interpretando a Lord Henry Wotton, el mejor del cartel con diferencia. Han reflejado a la perfección esa dualidad hipócrita que representa su personaje, que encarna a esa sociedad corrompida que literalmente hace lo que quiere pero que siempre debe guardar las formas. Lo llevan a tal extremo que incluso su rostro termina al final del metraje reflejando esa dualidad.

Señalar que es un film algo casero en su diseño de producción pero que logra las cotas más altas posibles para su presupuesto. Estoy seguro que va a funcionar muy bien en taquilla y el boca a boca le hará ganar adictos a su historia. Juega muy bien a varias bandas, entre la filosofía, el thriller, el terror e incluso misterio.

No se vosotros, pero yo estoy deseando volver a leer la novela.

Me quedo con una de las múltiples citas que encierra esta historia, una historia de amor, de juventud, de belleza de la vida misma, de esa búsqueda de la eterna juventud y vigorosidad que tan de moda está ahora con el género vampírico y que por otro lado, tan acorde a los tiempos que vivimos.

Lord Henry Wotton y Dorian están en un café, Dorian observa a una chica, le gusta, quiere decirle algo pero descubre que va acompañada de un hombre y respeta esa distancia.

Henry Wotton le mira con gesto de reproche por no haber actuado. Dorian le responde -Probablemente sería su marido. A lo que Henry Wotton dice – Si, muy sensible Dorian. La gente muere de sentido común. Otro momento más de tiempo desperdiciado. No hay más allá. La vida es como una llama, hazla quemar siempre al máximo.

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En el límite del amor.

Historia dramática narrada durante la segunda guerra mundial que cuenta la vida de Dylan Thomas, uno de los poetas más influyentes de la literatura inglesa en el último siglo. Cuenta con un reparto muy interesante. Keira Knightley, Sienna Miller, Matthew Rhys, Cillian Murphy y Camilla Rutherford. Y para más interés la producción en británica.

A todo esto podemos añadir un diseño de producción modesto pero muy interesante y una banda sonora firmada por Angelo Badalamenti.

Con todo esto podemos pensar que el producto no podía estar mejor empaquetado. El problema lo tenemos con el relleno, que flojea y bastante. La historia juega a ser una especie de remake guionístico de “Expiación”, “Orgullo y Prejuicio” o cualquier otro producto made in Keira, porque aunque ella lo negara, está más que encasillada. Durante las dos horas de metraje no dejamos de escuchar sus típicas frases de “Vuelve a mí”, “estás temblando” y similares, que tantas veces escuchamos en sus films.

La relación entre los personajes no deja de sorprendernos con constantes incongruencias y sentimientos de postal. Por momentos uno parece estar leyendo una novela de Danielle Steel.

En resumidas cuentas, salvo que seáis unos románticos empedernidos y vuestra afinidad vaya más allá de una mera subjetividad, no perdáis el tiempo y el dinero.

Alicia en el País de las maravillas

Tim Burton vuelve a la carga con una película que pese a recaudar una increíble suma de dinero, siendo ahora mismo la más taquillera del 2010, no deja de ser uno de sus trabajos menores e infumables. Quizá no nunca tuvo que enfrascarse en un producto Disney o aceptar que su cinta 2D se pasara a 3D pero de cualquiera de las formas el resultado final me recuerda más a “El planeta de los Simios” que a sus grandes títulos como “Ed Wood” o “Mars Attacks”.

Es verdad que la historia de “Alicia en el país de las maravillas” nunca fue un cuento muy apreciado por la infancia, tan cercano al surrealismo y con un fuerte carácter perturbador. Pero de todas formas su ambiente tan extraño, onírico y unos personajes tan estrambóticos despertaban cierta curiosidad en la aventura que retrataba.

En este caso, Tim Burton ha querido alejarse de otras versión anteriores, como la que ya Disney hizo en 1951, ofreciendo un tono más oscuro y cierto modo macábro. El resultado es más de lo mismo. Burton no cesa en su empeño de repetirse en si mismo una y otra vez, parece haber perdido la originalidad en sus obras. Nos ofrece unos escenarios muy agradecidos y un estilo visual enigmático pero tanto el ritmo como los personajes son de lo más insulso que haya podido hacerse. Johnny Depp, en el papel del sombrerero loco, no llega a alcanzar el grado de locura y disparate que se presuponía para el personaje. Puede que la clave de todo esto sea que Tim Burton no ha trabajado el guión y se ha limitado a representar el texto de Linda Woolverton y bajo directrices de la casa, la gran Disney.

El resultado final es muy claro, un producto palomitero, que entretiene a los más niños pero que cuyo interés desaparece con las letras de crédito. Es una lástima que directores con un sello tan personal terminen vendiéndose a este precio para recuperar su independencia creativa. Fiascos como el de “Sweeney Todd”, que con la taquilla doméstica no llegó a recaudar los gastos de producción, pasan factura a cualquiera. Esperemos que la próxima sea muy distinta. De momento, el 3D, ya sea real o falseado, surca los cielos de la taquilla. ¿quién será el próximo?

El trailer de Eclipse.

Los amantes de la saga Crepúsculo podéis estar de enhorabuena porque el trailer de la tercera parte de esta historia de vampiros y hombres lobos en plena y ferviente adolescencia ya está aquí. Las palabras sobran. Os dejo con el trailer de “ECLIPSE”

The Lovely Bones.

La nueva película de Peter Jackson es un ejemplo de maestría cinematográfica pero que no llega a cuajar, de tener ese gancho comercial y taquillero. No es una cinta menor, pero tampoco resulta ser lo que Paramount pretendía.

El carácter de Jackson queda reflejado desde el primer plano. Su sello personal está patente en cada fotograma. Su constante uso de angulares, planos cortos, el manejo del tiempo, donde a veces parece pararse en un instante y como si de un poema se tratase nos desvela cantidad de información en un segundo, y en general ese aura de transcendentalismo que tan bien sabe imprimir en la pantalla.

Juega con maestría con el paisaje onírico y las emociones, e impregna con gran verosimilitud los momentos más vibrantes. Sabe retratar de una forma muy especial los sentimientos, como aquel en el que el miedo te invade. Ese segundo que pasas de la inocencia a sentirte devorado por el terror y ves que no puedes escapar de él. Como retiene ese instante con la cámara, el ritmo, la música. Sin duda, un genio.

Pero a pesar de todo esto el film  sigue necesitado de algo más. Es verdad que nos brinda un final realista, terapéutico, de asimilación pero no convence. Creo que hubiera sido más acertado trazar la linea que cierra el circulo y ofrecer lo que el espectador espera y demanda. En cualquier caso el sabor agridulce está garantizado.

The Road (La carretera)

La última adaptación novelística de Cormac McCarthy me ha dejado un poco indiferente. Podríamos clasificarla como Road Movie solitaria, en la que Viggo Mortensen, protagonista absoluto y único, juega todas las bazas disponibles en el film. La historia nos muestra un mundo destruido por el hombre, en el que el hombre se convierte en lobo para el hombre y la supervivencia es un juego de azar. Me parece muy acertada la breve introducción en Off en la que se describe la situación en la que ha quedado todo, donde no hay animales ni plantas para comer. Sólo un mundo destruido e inerte donde tu vida vale las latas de conserva que puedas alcanzar.

La caracterización de Viggo Mortensen es muy buena, realmente parece un esqueleto andante. Lástima no verle en los Oscar de este año. La película recoge un par de momento a recordar. El que más me gusta es aquel en el que el padre y el hijo comparten una cena en un refugio repleto de comida y en el que el joven hijo, nacido ya en este apocalíptico mundo, descubre un par de cosas que desconocía, como la botella de whisky que el padre no le deja probar porque le dice que se sentirá extraño, la Cocacola que tanto le sorprende por su sabor y el coqueteo de las burbujas o lo mejor de todo cuando su padre se enciende un cigarro y le dice -me miras como si viniera de otro mundo. Esta frase resume una realidad demasiado contundente como para ser cierta y esto provoca un momento verdaderamente poético y revelador.  El otro momento que me gustaría destacar es aquel en el que descubre a seres humanos tratados como ganado para ser alimentados. Quizá lo más duro del film.

Por lo demás, meramente un trámite para desembocar en un final predecible. Este el gran problema de las novelas de alto nivel, que la historia es prescindible y representar la calidad de las letras recogidas en sus páginas es un ejercicio casi imposible para una cámara porque son lenguajes totalmente distintos.

Por último destacar el papel español que juega el director de fotografía Javier Aguirresarobe, mostrando una luz fría, triste y en penumbra con una naturaleza gris y yerma. Maneja muy bien las emociones a través de la luz, dejando a los personajes sin a penas sombra en el rostro, alcanzando una difícil definición entre los dos puntos de luz. Propio de un mundo cultivado de muerte y miseria.

Shutter Island. La crítica.

Vamos, no vamos, vamos, no vamos. Al final un golpe de casualidad o de necesidad hizo que no esperara un día más para ver LA OBRA MAESTRA DE 2010. Hacía mucho, muchísimo tiempo que no me sentía así en una sala de cine. “Malditos Bastardos” de Tarantino me hizo disfrutar como ya no recordaba pero es que la nueva película de Martin Scorsese eleva al cine al templo de los dioses, a esas míticas historias contandas por los más grandes. Es cierto todo aquello que la crítica ha manifestado al respecto, comparando la cinta con Kubrick o Hitchcock. Totalmente. Desde un primer momento sientes que lo que estás viendo se convierte al instante en historia del cine.  ”Infiltrados” fue buena, buenísima, pero es que “Shutter Island” goza de una sensibilidad y una melancolía intrínseca que termina por dotar a Scorsese de ese último golpe maestro que podía faltarle, si es que alguna vez le faltó algo. Volviendo a las comparaciones, es verdad que la trama se mueve constantemente por aguas Hitchcockianas y que en el personaje de Leo puedes ver reflejado a Cary Grant dirigido por el Hitchcock de sus mejores tiempos, y la realización roza lo Kubrickiano en cada uno de sus planos, así como la intensidad y naturaleza del personaje protagonista interpretado por DiCaprio. No puedo evitar no decirlo, me ha parecido una película soberbia. ¿Qué sea más explicito? bien, vamos allá.

1.Leonardo DiCaprio: No me cansaré de repetirlo, es el mejor actor de su generación y junto a uno de los pocos maestros que todavía quedan en pie, hacen un tandem que espero que se repita lo antes posible. La credibilidad de Leo roza la excelencia, se cuentan con los dedos de una mano los actores en activo que tienen esa virtud. Dispone de mil registros interpretativos, jamás sentirás que sobre actúa o que la escena le viene grande. Tiene varios momentos memorables y lógicamente, para evitar destriparos la película, no diré mucho más. Simplemente quedarme con ese momento tan dramático del final en el que te pone la piel de gallina y llega a quebrarte el corazón. Desde aquí y ahora mismo, propongo a Leo para el Oscar ¡ya!.

2.Fotografía: Últimamente estoy disfrutando mucho de la fotografía en la gran pantalla y todavía me falta “The Road” del español Javier Aguirresarrobe, pero es que Robert Richardson llega a conseguir que te pierdas en la profundidad de los planos. Habitual de Scorsese y de Tarantino, que también es el responsable de la fotografía de “Malditos Bastardos”,nos deja unos claroscuros increíbles, así como el manejo de la profundidad de campo, las nieblas (ya le hubiera gustado a Amenábar esta atmósfera para “Los Otros”), las luces duras y los contrastes.

3. Dirección: Que puedo decir que no hayáis visto ya. Quiero destacar la colección de planos aéreos y cenitales (muy Hitchcockianos) que con mucho acierto selecciona para el montaje final. El ritmo es pausado pero sin perder un ápice de la intriga e incentivando por momentos la curiosidad del espectador, dando pequeños saltos bruscos en la trama para provocar el sobresalto.

4.Montaje: Thelma Schoonmaker es la responsable. Ganadora del Oscar por “Infiltrados”, y que también editó “El aviador”, es una habitual de Scorsese, y no es para menos. La alternancia entre las diferentes realidades del film, los sueños, los recuerdos y en definitiva la verdad sobre la vida, son excelentes. No hay un sólo minuto de montaje que se salga de la tónica y haga cojear al resto. La credibilidad es absoluta.

5.La historia: Es la primera vez que veo retratadas las enfermedades mentales con tanta maestría. Esto demuestra que no hacen falta grandes artificios ni montajes surrealistas como hacen algunos directores (véase Charlien Kaufma por nombrar uno). El guión traza una línea y un manejo de los recursos cinematográficos que te dejan boquiabierto. Los últimos 20 minutos me dejan sin palabras, así como ver como juega en ambos bandos haciéndote dudar, para terminar siendo un fiel reflejo de la realidad que retrata el film.

6.Metáforas: La mejor sin duda alguna es la del faro, que muestra la soledad inerte en la que puede llegar a desarrollarse la vida. La muerte, la huida y a la vez la oportunidad y curiosidad por otras vidas, por otros mundos. También tenemos muy presente el reflejo de la sociedad americana de los 50, aquella a la que se le caía el mito, que descubría que no todo era tan maravilloso y se daba de bruces con la realidad.

La única pega se le puede poner al score de la primera parte del film, que goza de un protagonismo que no lo merece, distrayendo en cierta medida al espectador. La cuestión es que una vez que aparece el tema “On the nature of daylight” de Max Richter los sentimientos afloran para quedarse hasta el final. En definitiva, creo que es una de las mejores películas de Scorsese, así como la interpretación de Leo, que desde sus primeros films (previos a Romeo+Juliet) no alcanzaba este nivel interpretativo (salvaguardando distancias con “El Aviador” o “Diamantes de Sangre”, algunas de las más recientes). Espero que pase mucho tiempo en quitarme de encima esta dulce y melancólica sensación que te deja el film y espero que todas mis opiniones vertidas estén a la altura que este film se merece. Yo no perdería un segundo más e iría volando a la taquilla a comprar una entrada.

El hombre lobo.

Una vez más volvemos a encontrarnos con el hombre lobo, tan de moda últimamente como los seductores vampiros. ¿Sera cosa de  Taylor Lautner que lleva un par de años volviendo locas a las jovencitas y su papel en Crepúsculo? Quién sabe. La cuestión es que con este hombre lobo la Universal ha querido recuperar ese espíritu del Londres más Victoriano, dotando al film de una atmósfera más seria y curtida como la que Coppola mostró en su Drácula.  El intento de Universal por no repetir bodrios como “Van Helsing” ha salido bien parado en términos relativos. La historia que Joe Johnston (director que ganó un Oscar en 1982 por los efectos especiales de “Indiana Jones y el Arca Perdida”) nos trae, trata de jugar en una división para la que no tiene calidad. Carece de trasfondo, la historia de amor es nula  y sin ninguna convicción y tener a Benicio del Toro o Anthony Hopkins en cartel tampoco es marca de garantía, por muy buenas que sean sus interpretaciones. Cualquier virtud se diluye tan rápido como el influjo de la luna. No hay la suficiente identificación con el personaje, tampoco vemos la lucha interna de poder entre el bien y el mal en el alma del hombre y sólo nos queda recrearnos con alguno de los elementos técnicos como la fotografía de Shelly Johnson, que me resultó muy interesante e hizo que en alguna ocasión perdiera el poco interés por el lobo para centrarme en la iluminación de la escena. Lo mismo ocurre con la dirección artística, que a pesar de la notable falta de presupuesto juega a un nivel muy interesante la ambientación londinense.

Así que, con todo esto, si fuera el profesor y la película mi alumno le pondría un 4,5 de esos que subes a 5 porque el alumno mostró interés.

Invictus.

Clint Eastwood no defrauda y nos muestra un film con aires de grandeza y cierto trasfondo bajo el hilo sensiblero y romántico tan habitual en él, es decir, esos planos estáticos, de mirada perdida y música de trompeta solitaria o teclado perdido.

Pasa, en cierto modo, de puntillas por la dramática vida de Nelson Mandela y esto es algo que alguna voces le han criticado, aunque creo que vemos de Mandela justo lo que la historia nos demanda,  porque sus pretensiones no son dibujarnos con tiralíneas la biografía de Nelson Mandela o el Apartheid en Sudáfrica, sino más bien mostrar una historia de humanidad, de esperanza, de perdón y de grandeza.

Eastwood abusa de algunos recursos, como los reiterativos planos de las grandas del campo de rugby (siempre los mismos) o de esos planos tan suyos que antes comentaba, donde la música y la emoción se funden.

Destacables son las constantes reflexiones en voz alta del mismísimo Mandela, el acento logrado por Morgan Freeman y Matt Damon o la escena final del partido y el efecto que provocan los créditos finales con las imágenes reales.

Está claro que dentro de esa mirada dura y fría de Eastwood hay un corazón muy romántico ya que últimamente no cesa en su empeño de traernos historias de superación con final feliz. Veremos que hacen en los Oscar.

Up in the air.

Al igual que las buenas novelas “Up in the air” es un film donde lo importante es mantenerse por las nubes durante su metraje, disfrutar del recorrido, de cada uno de sus pasajes, de esas frases memorables, de un buen recuerdo. La historia nos da igual, lo bonito está en el camino y que termine igual que empezó no es otra cosa que un maravilloso símil de la misma vida.

“Up in the air” viene a mostrarnos lo que ya todos sabemos, que muchas veces podremos engañarnos pensando que una vida solitaria, frívola e individualista será eternamente deseable pero que al final el amor, como suele pasar, viene a abrirnos los ojos y hacernos ver que los raros somos nosotros, no el resto y que al final todo ha sido un ejercicio de lucha contra la madurez.

George Clooney interpreta a un tipo sumido en el éxito profesional y cuya vida se mantiene en el “limbo” aeroportuario, como metáfora de esa falta de conexión directa entre personas que se da en esta época donde la tecnología de las comunicaciones ha venido a sustituir el roce directo entre humanos. El personaje de Clooney se desenvuelve  a la perfección en ese clima de tarjetas vip, trato personalizado y exquisito de la business class. Mantiene relaciones ocasionales y superfluas hasta el día que descubre que sus principios puede que estén cambiando, hasta llegar a ese momento culmen que persigue durante todo el metraje  con la desafortunada falta de compañía. No tiene a nadie con quien compartir su momento, porque la vida, al fin y al cabo, son recuerdos y más que recuerdos tener a alguien al lado que te conozca, que los comparta y que sea testigo de tu vida.

Vera Farmiga es la compañera de Clooney en este viaje. Ambos mantienen una química muy especial durante la película, parecen sacados de un catálogo de moda. Ambos comparten los mismos ideales y no diré más sobre el personaje de Vera por no desvelar relevantes datos sobre la historia, sólo que su personaje viene a reflejar brillantemente el título del film “Up in the air”. :-)

Sin duda Jason Reitman ha hecho un trabajo excelente con esta película. El guión es uno de los mejores de este año, veremos que pasa en los Oscars pero de lo visto hasta ahora es el más firme candidato para ganarlo.

Termino esta entrada con un comentario del propio director de la cinta, Jason Reitman; “Yo la veía como la historia de un tipo que tiene que enfrentarse al hecho de que, incluso aunque crea que su vida está plena, ha estado ignorando algo muy importante, que es la responsabilidad de formar parte de algo más grande”.