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Casino: La mejor película de juego

En un reportaje de la web Casino Top hemos tenido la suerte de ser mencionados por nuestras críticas vertidas sobre “Casino” la película de Martin Scorsese, que según esta web parece haberse convertido en la mejor película de juego de la historia.

Os dejo nuestra crítica completa, pero podéis leer las menciones a Historias de CINE en este link.

Si hablamos de películas relacionadas con el juego y los casinos “Casino” de Scorsese es la obra maestra por excelencia. Reúne la esencia de títulos como “Uno de los nuestros”, del propio Scorsese, donde la  violencia se centra en las mafias de barrio, a un nivel más localista, o títulos como el “Padrino” donde el juego y la mafia se institucionalizan en los Casinos de Las Vegas, como reflejo de la propia sociedad de ese momento.

“Casino” juega en ambos lados, goza de un poderoso guion, de una historia complicada a tres bandas, como si de un drama Shakespereano se tratase, donde los personajes Ace Rothstein, Nicky Santoro y Ginger McKenna, interpretados por DeNiro, Joe Pesci, y Sharon Stone tienen  luchar consigo mismos, entre ellos y por la propia supervivencia de su negocio, que vive el declive del control de la mafia. Todo ello aderezado con la brutalidad y violencia que el cine de Scorsese acostumbra, mostrando ese lado tan obsceno de la realidad, el que muchas veces cuesta ver y miramos a otro lado.

A esto añadimos una increíble puesta en escena, con una brillante iluminación y coreografía musical. Difícilmente puede pasarse por alto ese arranque con Bach de fondo y la voz en off  de Nicky Santoro.

Una película cargada de simbología y reflejo de un mundo decadente, ejemplificado con esos minutos finales en los que termina viéndose caer a los viejos casinos, marcando el fin de un glorioso desajuste y frenesí de vanidades donde los excesos y la violencia vienen a determinar los límites, como siempre ha pasado a lo largo de la historia. En definitiva es una película que engancha desde el primer instante, por la atracción de sus personajes, por la fuerza dramática que acompaña a la acción y porque mantiene el pulso de la tensión creando un ritmo absorbente y delirante que te atrapa de principio a fin.

 

POKER

Cine de Poker

El mes de septiembre del 2011 se estrenó la película colombiana Poker en el país cafetero. Un film interpretado por Rafael Novoa, Javier Ortiz, Juan Sebastián Aragón y Angélica Prieto cuyo hilo argumental básico es que cinco desconocidos, que están llegando a un momento crítico de su existencia, deciden que su única tabla de salvación es el poker y lo arriesgan todo por ser el único ganador de un torneo en el que se pueden lograr grandes cantidades de dinero.

Un sacerdote, un asesino a sueldo, un miliciano, un ladrón de bancos, personajes cada uno de una clase social, de unas raíces a los cuales la vida une alrededor de un tapete y una baraja de cartas. Es ganar o morir, no literalmente, peor eso es lo que piensan todos y cada uno de los contendientes.

El director, Juan Sebastián Valencia, utiliza de manera inmejorable los flashbacks y lleva al espectador en cada momento allá donde él quiere que estén. Esta forma de discurrir de la película, complicada al máximo, puede llegar al fondo del espectador si se sabe manejar bien. Que se lo pregunten, si no, a Tarantino, un auténtico maestro en estas lides.

En la primera escena se ve como uno de los contendientes dispara un arma. A partir de ahí, vamos para atrás y, aunque sepamos o imaginemos el final, la tensión no baja en ningún momento y te mantiene bien sujeto en la butaca.

En definitiva, una película sobre poker, que ya hay muchas, pero diferente a las anteriores. Un largometraje que se basa en una partida en la que los contendientes se juegan mucho. Personajes-jugadores que están a punto de tocar fondo y son capaces de enfrascarse en una partida casi a vida o muerte para conseguir ver una luz, pero no al final del túnel.

Toro Salvaje

Toro Salvaje

Basada en la vida del boxeador Jake La Motta, interpretado por Robert De Niro, nos muestra el lado más oscuro y duro de la vida del boxeador, esa parte extradeportiva en las antípodas de lo que unos años antes significo “Rocky”. Rodada en blanco y negro Martin Scorsese supo reflejar la violencia del ring y el mundo mafioso y de corrupción alrededor de este deporte.

Robert De Niro borda un papel que le valió el OSCAR a mejor actor, y es que alguna de sus escenas son memorables. LaMotta era un tipo difícil, con grandes obsesiones, muy celoso de su mujer que incluso le llevó a tener problemas con su propio hermano, interpretado por Joe Pesci. De Niro interpreta con maestría cada registro del carácter de este boxeador, pasando de la rabia al deseo  y reflejando una gran fortaleza y persistencia, tanto, que llegó a romperle una costilla a Joe Pesci en una de las escena de pelea. Es destacable el cambio físico que muestra en su etapa final, ya retirado del ring. De Niro tuvo que ganar 27 kilos de peso, lo que marcó un record hasta la fecha.

Alguno de estos momentos sublimes que más me gustan es aquel en que está detenido en la carcel y golpea una y otra vez el muro de la prisión mientras grita desesperado entre luces y sombras en blanco y negro.

Los detalles sangrientos del film son marca de identidad de Scorsese, que ya en estos primeros films muestra el lado más duro y salvaje de la violencia callejera, marca de identidad de su cine, que siempre ha girado entorno a ese mundo italo-americano callejero.

Es curioso como viendo de unos años, y especialmente este, 1980, en que se llegaron a estrenar 8 películas sobre el mundo del boxeo, Scorsese consiguió diferenciarse del resto, siendo claves la fotografía en blanco y negro y el hecho de distanciarse del cine de deporte, dejando bastante de lado los combates y centrándose más en el personajes y sus tribulaciones internas. Aun así obtiene un resultado muy bueno con las escenas de combate, que pese a ser escasas y poco elaboradas tiene algunos planos sensacionales, como en los que destaca los flashes de las cámaras, los planos detalle de la sangre saltando por los aires o primeros planos de los rostros de los boxeadores. Es escueto en esta realización pero ahí radica parte de su éxito.

Martin Scorsese dijo acerca de esta película “Yo puse en ‘Toro salvaje’ todo lo que sabía, todo lo que sentía, y pensé que eso sería el final de mi carrera. Es lo que se llama un film kamikaze: se pone todo dentro, se olvida todo y después se intenta encontrar otra manera de vivir.”

Sin embargo, lejos de ser el final de su carrera, le puso en el centro de todas las miradas. En el caso de De Niro creo que fue momento cúspide, llevando a cabo una interpretación que muchos han considerado dentro de las 10 mejores de la historia del cine.

Por último, y no menos importante, destacar la banda sonora de la película, con la composición de Mascagni, que me recordó a ese uso de la música clásica que tan bien supo destacar Stanley Kubrick, otro de los grandes. (La semana que viene subiremos esta pieza musical para que podáis apreciar el contraste entre la belleza melódica y la violencia del ring)

Gangster Squad

Gangster Squad, la crítica.

Este es uno de esos casos en los que te imaginas una película tan mala, pero que mala, mala…que al final te sorprende para bien, pero eso si, sin llegar al aprobado.

Lo primero que choca tremendamente en esta película es como han podido conseguir un reparto tan bueno para crear un producto tan…escaso.

Veámos; entre sus filas tenemos a Sean Penn (caricaturizado de si mismo), Ryan Gosling (el chico de moda y deseado por todas las jovencitas), Josh Brolin (capaz de trabajar con los Coen y luego meterse a esto), Giovanni Ribisi (totalmente desaprovechado), Emma Stone (cuya relación con Gosling lejos de explotarse se diluye en las sombras) e incluso la aparición breve de Nick Nolte.

La historia está basada hechos reales, en las peripecias de Mickey Cohen, un violento criminal que trató de apoderarse de la ciudad de Los Ángeles, pero que finalmente un grupo de valientes de la policía terminó dando caza.

La primera impresión es que el tono dramático va a tirar por los derroteros de un clásico del género del cine negro, “L.A. Confindencial” y el estilo narrativo por el de “Los Intocables de Elliot Ness” de Brian de Palma. La realidad es bien distinta. Teniendo una gran base argumental la película juega a una especie de pantomima del cómic, que parece acercarse por momentos a algo así como “Sin City” pero sin decidirse finalmente por ese estilo visual.

El personaje de Ryan Gosling es de los más desaprovechados del metraje. Al igual que su personaje parece estar aburrido, de no pintar nada, con una desgana continua, en la que entra y sale de la acción sin tener claro si esta es su película o viene de paso de la sala de al lado. Lo mismo ocurre con su compañera Emma Stone, con quien coincidió en “Crazy, Stupid, Love” y que como he dicho antes, su relación está muy poco aprovechada. Ella no pasa del papel de florero. En cualquier caso ninguno de los personajes tiene profundidad. Josh Brolin, que debería ser quien llevara el peso de la trama, el policía comprometido, de principios, con honor…no se porque, pero el guionista le cambia de una moralidad a otra sin pestañear, pensando que va a engañar al espectador. (Dónde estará ese Elliot Ness que interpretó Kevin Costner).

Todos los personajes están sobre actuados, tratando de ocupar una dimensión que luego no se muestra, es una lucha entre el comic y el cine puramente negro que deja a la narrativa en tierra de nadie, dejándonos un producto final que resulta entretenido pero con la sensación de que aquello no ha llegado ni por asomo a lo que podría haber sido.

Hablando de Sean Penn. ¡Por favor!, quien le puso esa nariz. Su personaje se transforma en esa nariz, no puedes dejar de pensar en ella como entidad propia, como de un hombre pegado a una nariz. Por lo demás, parece que la irascibilidad del personaje la tiene hecha a medida :-).

Si hay algo que pueda destacar de la película son los créditos finales, bello homenaje a los carteles publicitarios de Los Ángeles de los años 40 y 50, y por supuesto esa frase final de Josh Broslin, en la que en referencia a la ciudad señala “No es el paraíso, pero es la ciudad de Los Ángeles”

Matalos suavemente, la crítica.

Antes de hablar de la película agradecer a nuestros amigos de Sensacine la oportunidad que nos han  brindado al poder celebrar el sorteo. Os muestro una foto de alguno de nuestros colaboradores y premiados que asistieron al pase de la película y os animo al resto a enviarnos vuestras fotos.

 Y ahora vayamos al grano; Andrew Dominik, el responsable de la dirección y el guión de esta película y que como ya he dicho alguna vez, el mismo que dio vida a “El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford”, vuelve con su estilo narrativo tan particular para adentrarse en una historia que quizá peque de pretenciosa y algo exhibicionista.

El arranque ya muestra maneras y la postura del director de contarnos la historia con intenciones de trasfondo, con esos cortes sonoros y visuales de apariencia apocalíptica. Obviamente descubres que no va a ser como las historias al uso de Scorsese y compañía. Dominik trata de jugar la baza metafórica para describirnos el fin del sistema económico actual a través de los ojos de la delincuencia de los bajos fondos. Aquí es donde entra en juego Brad Pitt y una serie de personajes de carácter perdedor reflejo de la situación en la que se encuentra el mundo.

Excelente me parece el tono cómico y discurso que mantiene en algunas de las escenas que nos va mostrando del mundo que retrata. El problema es que entre escena y escena el ritmo se vuelve soporífero para más de un espectador. Por otro lado, el efectismo visual de las escena de violencia me resulta curioso por el contraste con el tono que pretende en el resto de la historia. La sensación con la que me quedo es como la de haber visto “Buenas noches, buena suerte”, “Los Idus de Marzo” o cualquier otra del género político pero a la vez adulterada con “Uno de los nuestros”.

Respecto de las interpretaciones, salvando la maestría de la aparición (gratuita) de James Gandolfini, Brad Pitt (ambos sensacionales), los dos maleantes Scoot McNairy y Ben Mendelsohn, e incluso Ray Liotta, me quedo con el papel de Richard Jenkins, en el perfil del lado del sistema, de la parte instutucional y coorporativa de todo este “tinglao”, de la metáfora de la frialdad con la que el sistema fagocita todo lo que se le pone por medio sin ningún miramiento.

En definitiva, una película peculiar en la que hay demasiadas exhibiciones de estilo que liman bastante el resultado en su conjunto, pero de la que podemos darle el aprobado sin complejos.