En un repaso por la historia del Western he querido cruzarme con una de las más grandes películas del género, “Centauros del desierto”, protagonizada por John Wayne y dirigida por el gran John Ford, el director que más Oscar tiene en su haber, un total de 4.

La historia que retrata está ambientada en el lejano oeste tejano, pero no deja de ser una mera excusa para contarnos otra historia que igual podría haber tenido otro contexto. Este es uno de los elementos que la hace grande, así como esos pequeños gestos, miradas, y detalles propios de autores como Lubitsch cuyos mensajes pueden verse en distintos niveles.

Técnicamente hablando está plagada de innovaciones, recordando mucho al papel que años más tarde representó Kubrick. Por el ejemplo, la primera secuencia es sensacional, con gran profundidad de campo y un plano muy largo.

Lo mismo podemos decir de sus escenas de batalla entre vaqueros e indios, con grandes planos, travelling en plena persecución y la cámara allá donde la acción la reclama.

Pese a todo ello, el tiempo pasa, y a veces esto afecta a la perfección que tenemos de la imagen, dejándo al descubierto la inocencia de muchos de sus elementos, en los que en la actualidad se muestran con más solvencia.

En cualquier caso, es un film evocador, al que Spielberg ha catalogado como la mejor película de la historia del cine y que Orson Wells (cuya película “Ciudadano Kane” me recuerda a esta en su realización) dijo que los tres grandes directores de la historias del cine son John Ford, John Ford y John Ford. Total nada…

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