Nunca una adaptación de un título había sido tan poético y acertado, porque del “The Lost Weekend”, El fin de semana perdido (traducción literal) al “Días sin huella” hay mucho recorrido y refleja mejor el problema del alcoholismo y la esencia del film.

En 1945 Billy Wilder nos presentó una película con la que ganó los 4 grandes, el Oscar a mejor película, dirección, actor principal y guión.

Esta película fue una adaptación de la novela de Charles R. Jackon y se convirtió desde el día de su estreno en la mejor película como crítica al alcoholismo. Títulos como “Leaving Las Vegas” distan bastante del talento puesto en esta cinta, el mayor alegato contra este mal que el actor Ray Milland interpreta magistralmente, expresando fielmente cada una de las fases que un adicto al alcohol sufre durante su peregrinaje enfermizo.

Ya desde el arranque del film atrapa al espectador, con ese travelling de la ciudad que termina sobre la ventana del apartamento del protagonista, donde una botella cuelga de la ventana como antesala del mal que aquejará al personaje. El protagonista pasa por todas las fases, la de negación, ira, sufrimiento y descontrol total de la situación para terminar dando un aire de esperanza, a su vida y al espectador.

Quizá este puede ser el único reproche que podría hacerse a este magnífico guión y especialmente el montaje. Es la forma en que terminan resolviendo el drama del alcoholismo, con un alegato final, donde el protagonista junto a su novia parece estar dispuesto a echar definitivamente su vida por la borda pero se acomete un giro, contrario al sentido marcado, que lo lleva a intentar recuperar la vida que había perdido.

Algunas de las frases resultan inolvidables, como por ejemplo:

Escena comprando botellas, entre el protagonista, Ray Milland (Don Birnam) y el propietario de la licorería, Eddie Laughton (Sr. Brophy):
Don.— Dos botellas de aguardiente.
Sr. Brophy.— ¿De qué marca?
Don.— Ya sabe la marca, Sr. Brophy. La más barata. Los licores de 12 años de antigüedad en barriles de madera no son para mi. El alcohol es el mismo en todos.
Sr. Brophy.— ¿Quiere una bolsa? Su hermano dijo que no le vendiéramos ni aún pagando. Pero yo no puedo impedirlo, a menos que sea usted menor de edad.
Don.— No soy un menor y tenga tranquila su conciencia, esto me lo llevo para recargar mi mechero.

La película tuvo muchos problemas para poder estrenarse, incluso hubo presión por parte de las marcas de bebidas alcohólicas que llegaron a ofrecer la cifra de 5 millones dólares para que no se estrenara. También hubo presión por parte de otros grupos. Hay que tener en cuenta que la época de la ley seca todavía estaba muy reciente. De todas formas y pese a las presiones la cinta se estreno, pero Paramount no tardó en retirarla del cartel. 1945 no estaba preparado para estas críticas tan abiertas y bien planteadas.

Es una película contundente en la que Billy Wilder se atreve a mostrarnos la desesperación y la angustia a la que una enfermedad como esta te puede llevar. Como dice su protagonista,  “Por la noche, sólo es un trago, por la mañana, una medicina”, no se podría expresar mejor.

Par terminar os dejo con otro pequeño fragmento de la película entre la Don y Helen como reflejo de lo que uno puede aguantar por amor.

Escena entre Ray Milland (Don Birnam) y su novia, Jane Wyman (Helen St. James):

Helen.— ¿Serás bueno, verdad cariño?
Don.— Si Helen. ¿Pero podríais dejar de vigilarme todo el tiempo? Dejar que lo haga a mi manera. ¡Lo estoy intentando!
Helen.— Ya sé que lo intentas, Don. Los dos lo intentamos. Tú intentas dejar la bebida… y yo intento no dejar de amarte.

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