El director Spike Jonze creo que pierde definitivamente el norte con esta cinta. “Donde viven los monstruos” es de las pocas películas que casi consiguen dormirme frente a la pantalla.

Desconozco por completo el cuento de Maurice Sendak en el que se basa, pero si realmente tuvo éxito dudo que esta película plasme honrosamente su contenido.

Lo que uno espera cuando se enfrenta a este tipo de historias es una bella metáfora de la infancia, de los temores e inquietudes de esa edad, con imágenes que rocen lo poético, pero por el contrario nos encontramos un universo cuanto menos chocante y que no deja indiferente, en el que las situaciones llegan a un surrealismo perturbador. El ritmo es muy lento y la historia está llena de momentos prescindibles que pueden llegar a resultar incómodos.

Las únicas notas positivas que puedo sacar de esta película son algunas virtudes en cuanto a la realización de Jonze (esta claro que viene del mundo del videoclip) y a la interpretación de Max Records (aquí tenemos un buen actor para el futuro).

Que nadie se engañe pensando que es una película terapia sobre la infancia porque se llevará una sorpresa, como la que nos dan al final (si es que se puede llamar final). Lo desconcertante es que de los 100 millones de dólares que ha costado la cinta, en el mercado USA sólo ha recaudado 76 millones, pero es que las cifras en Europa no parece que vayan a ser muy superiores, en España ha pasado fugazmente por la taquilla.

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