Roman Polanski vuelve a ser noticia, y por suerte, nada que ver con su pasado. Muchos han señalado su trabajo en “El escritor” como uno de sus mejores films de su última etapa. Es cierto que si contamos desde 2001 con “El pianista”, si lo es, pero no es el caso.

Polanski vuelve a navegar por esa atmósfera tan suya, en la que la incertidumbre se apodera de la voluntad y todo parece ser lo que no es. Ambientes fríos, de engañosa calma y donde tanto la trama como el ritmo avanzan al unísono de forma constante.

De todas formas, aunque estamos describiendo el arquetipo propio de Polanski, su misterio pierde fuerza con un encuadre más lejano al que nos tiene acostumbrados. Su atmósfera hostil , inquietante y claustrofóbica no lo es tanto en esta ocasión. El vértigo visual se echa en falta. En su lugar ese puesto lo ocupa la música de Alexandre Desplat que me ha sorprendido gratamente firmando una score al que no nos tiene habituados. Resulta inquietante, vertiginoso y deja las florituras musicales a un lado para mostrarnos su imagen más seria y oscura. Gran proeza.

En resumen, es muy difícil que os podáis aburrir con una cinta de Polanski, ánimo y a la sala.

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