Hoy tenido la oportunidad de poder revisitar esta obra maestra del séptimo arte y creo que ya no hace falta que la catalogue dentro mis cinco películas favoritas, podría decir sin complejo alguno que es la gran película de mi vida, de momento…

Es una historia de amor universal que combina y sincroniza a la perfección cada uno de sus elementos:

Los créditos:  La sutileza del gran Saul Bass (el gran genio de los créditos) en el manejo de los colores y su sincronía con lo que la música expresa en cada momento hace que desde el arranque del film uno quede hipnotizado.  Es algo inédito. El espectador queda atrapado por una Suite que recoge los momentos musicales esenciales del film bajo una única imagen estática y abstracta que terminará dando paso a la isla de Manhattan, todo combinado con el juego de colores. Esto es más que suficiente para darse cuenta del gran espectáculo que está apunto de empezar.

El Baile: El manejo de la cámara en este aspecto me deja alucinado. La combinación de una apuesta más teatral con algún plano complicado, anguloso o como lo queráis llamar, es deslumbrante. Son muchos los musicales que pecan de ambos extremos, o bien mantienen un estilo excesivamente estático y teatral restándo así ritmo y energía (algo indispensable en un musical) o por el contrario juegan demasiado con la cámara convirtiendo el resultando final en algo más bien experimental y sin sentido.

Las coreografías son fantásticas y el uso del baile como manifestación de la violencia, el amor, etc…es perfecta. También tenemos el color, siempre hay mucho movimiento y la composición de la imagen nunca deja de estar perfectamente sincronizada y equilibrada. Los colores que representan a cada bando se diluyen y mezclan con mucha armonía frente a la cámara.

El guión: qué decir de las letras musicales de Stephen Sondheim, llenas de sarcasmo y que describen el entorno y la situación con a penas dos frases. Es difícil narrar y exponer tan bien la problemática social, las inquietudes de la juventud y el amor como está hecho en este musical.

La música: Leonard Bernstein compuso su gran obra maestra para este film, ofreciendo en cada escena unas canciones inolvidables. No hay un sólo momento en el que la música no sea un personaje más de la historia, con verdadero protagonismo, hasta el punto que sus canciones son universalmente conocidas por encima de la película.

Hay varias escenas que me resultan simplemente perfectas:

1/ El baile de “Ámerica”, con esa magistral representación de los contraste del país y puesta en escena.

2/El baile de “Mambo”. Aunque más bien la parte final, en la que ambos se ven por primera vez. La puesta en escena tan inocente que usa el director “Robert Wise” para este encuentro lo hace más creíble y romántico, con ese desenfoque del escenario dejando sólo sus rostros en pantalla. Hoy en día ese momento hubiera sido muy distinto y más sofisticado, pero lo que lo convierte en grande es la simplicidad de la escena. El flechazo del amor se puede ver en sus rostros.

3/ La escena en la que simulan su boda: Por lo bien que disponen el escenario y como en tan sólo una canción comprimen todo el proceso del noviazgo, en el que conocen a sus padres, tras sus disputas terminan aceptando la situación y al final se casan.

4/ Cualquiera de los actos de balcón: No hay nada más romántico en este film que escuchar a Tony cantando “María” bajo los balcones neoyorquinos a su bella amada María. Aquí está la clave o el núcleo crucial de esta historia (que como todos sabréis es la de Romeo&Julieta ambientada en las calles de New York) y es el amor como esencia pura. Ese amor de la primera vez, el amor de dos jóvenes inocentes en un mundo de odios y rencores. Ese amor que le vuelve a uno loco, el que muchos nunca conocerán y el que otros recordarán con añoranza y temblor. Un amor que vuelve tu mundo del revés, que no entiende de reglas, compromisos, ni fronteras, un amor que se enfrenta a todo y contra todos, un amor universal, un amor que llega a quemar y que no te deja pensar en otra cosa que no sea él. Un amor tan deseado como efímero y fugaz, que dura un instante en la vida pero lo suficiente como para hacer que la vida haya merecido la pena. Ese amor por el que todos suspiran queda impregnado en este film como en ningún otro.

Por último destacar las interpretaciones de Natalie Wood, Richard Beymer, Rita Moreno y George Chakiris.  Menudos actores todo terreno que había por aquel entonces; bailaban, cantaban (ya se que no todos) y actuaban.

Una obra indispensable de la historia del cine que ganó 10 Oscar de la Academia de Hollywood y deja el listón del musical en cotas inalcanzables.

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