¡¡¡¡¡Grrrrrr!!! Rugía el motor de aquella motocicleta que avanzaba tras de mi por la carretera.
Al principio no presté mucha atención pero al instante descubrí que aquel tipo montado sobre las dos ruedas era alguien peculiar.
Conducía una flamante custom de esas que van cubiertas de cueros y con un habitáculo posterior para llevar equipaje.
Su cara lo reflejaba todo. Era un hombre maduro, cercano a los 60 años, con la mirada firme en el horizonte y que bajo el casco negro dejaba al aire una mandíbula bien perfilada. Con aquella simple expresión de su rostro se podía ver que había una gran historia tras él. Estaba convencido de que se podrían escribir ríos de tinta con su pasado. Su pose sobre la moto mostraba a un hombre seguro de si mismo, todo un vaquero del asfalto, a una persona con unos principios muy claros, con ideales por los que luchar y con el claro convencimiento de que el paso de los años no acabaría con su forma de ver la vida.
Allí estaba sobre su motocicleta, como desafiando a la gravedad y al viento de cara.
La motocicleta generaba la misma sensación, era una moto con vida, se notaba el paso del tiempo sobre ella, cada trocito de chapa tenía un secreto por compartir y las vivencias sobre sus lomo debían ser infinitas.
Mil aventuras imaginé de aquel hombre con su moto y de lo bien que el tiempo los había tratado, ya que a pesar de la madurez que ambos mostraban parecía como si los hubieran sacado de su tiempo y plantado en este.
Me eche a un lado, cambié de carril y aminoré la marcha para dejarles pasar y tener la oportunidad de verlos más cerca.
Aquella extraña pareja me adelantó como una estrella fugaz cruza el firmamento nocturno, dejando tras de si una pequeña estela grisácea que avanzaba sobre el asfalto camino de algún lugar.
Lugar con el que fantaseé durante un tiempo y con el que soñé ir algún día y descubrir todos los misterios  de aquella extraña pareja que se cruzó en mi camino.

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One Response

  1. Berni

    El otro día les ví pasar yo también por Her Majesty’s Place en Londres 🙂

    Muy intrigante, Miguel! Más please

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