La nueva aventura del director Steven Soderbergh parecía ser un proyecto interesante e incluso algunas voces críticas colocaban su trabajo como uno de los más interesantes del año. Llegado el momento de la verdad nada de esto es cierto, por lo que empiezo a pensar lo que va a pasar con el “Avatar” de Cameron,  porque la expectativa es tan elevada que me temo lo peor.

La cuestión es que Soderberg nos plantea un conflicto de espionaje y estafa industrial con vertiente cómica donde la comicidad nunca llega a  brotar. Los esfuerzos por hacer más simpático a Matt Damon y camuflarle bajo un bigote, unas gafas ochenteras y un barrigón de jubilado no consiguen el resultado esperado.

Lo mismo ocurre con la trama, no muestra los elementos de una forma cómica, de fácil comprensión y sincera. Por el contrario juega a la obviedad y desenlace rápido. De este modo nos deja sin lo más importante de este tipo de historias, los hechos irrisorios que van ocurriendo para llegar a la situación final.

Viendo títulos como este hacen que uno se acuerde enormemente de maestros como Billy Wilder y obras como “1,2,3”.

Lo mejor: La voz en off de Matt Damon expresando sus pensamientos.

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