Baz Luhrmann vuelve a iluminarnos con otra de esas historias de amor trágico que tanto le gustan. Una historia de amor desesperado, llevada al extremo del romanticismo que Lurhmann tan bien sabe exagerar, rozando esa linea divisoria entre obra maestra y tono burlesco.

“El Gran Gatsby” es una obra que para los incondicionales de este director y para quienes disfrutaron del anacronismo y tono kitsch de “Moulin Rouge” van a disfrutar mucho.

Baz Lurhmann recupera su estilo (el que perdió en “Australia”) mostrándonos muchos planos y estructura visual que  parecen recuperar del pasado parte de “Romeo´Julieta” y “Moulin Rouge”.

El arranque del film, así como su cierre es el habitual de su cine, con unos créditos que parecen mostrarnos una caja de música en la que se esconde una gran historia por contar.  En esta ocasión son unas estructuras geométricas doradas, representativas de la época que nos va a narrar y se adentra suavemente en su interior, para encontrarnos con esa luz verde que tan significativa será durante la película.

El despliegue efectista del Nueva York de los años 20 que nos muestra en la primera parte del film bien valen los 120 millones de dólares que ha costado. Con el ritmo trepidante que acostumbra, mezclado con esa narración en off que conduce la historia del personaje interpretado por Tobey Maguire (Nick Carraway), que por cierto no había mejor actor para este papel, por su acostumbrada pose de “empanado” en la que parece estar alrededor de la historia y no en ella, nos sumerge en un universo que Lurhmann controla al milímetro y donde queda muy clara su implicación y pasión por el proyecto.

A diferencia de “Moulin Rouge”, el ritmo no es tan elevado y ensoñador y pronto detiene el pie del acelerador, en la escena en la que Gatsby y Daisy se reencuentran tras esos cinco años separados, escena que nos recuerda mucho a la de “Romeo+Julieta”, en la que los dos amantes se encuentran por primera vez a través de aquel acuario con esa pegadiza banda sonora que cautivó a los espectadores.

Desde este momento la historia deja de lado el entorno, la crítica socio-económica que denuncia y sólo se preocupa del desenlace de esta trágica historia de amor.

Leonardo DiCaprio tiene una presencia soberbia, tarda en aparecer en escena pero en el momento en el que lo hace, junto al Rhapsody in blue George Gershwin el tiempo se detiene. Está más comedido que en alguno de sus títulos recientes, donde llega a rozar la sobreactuación. En esta ocasión controla la magnitud de su interpretación y la explota en su justa medida ofreciéndonos una brillante actuación. Y como dijo el propio director en una entrevista reciente ” Creo que habrá muy poca gente en el mundo que haya vivido lo que él. Lo ha tenido todo. Si quiere conocer o hablar con alguien, lo consigue: si desea hacer, tener, probar algo…lo hace. Y pese a eso su meta sigue siendo la misma: actuar”.

El vestuario es otro elemento destacable de la película, llegando a tener vida propia, convirtiéndose en un personaje más, como retrato de la sociedad desatada de la época. Es curioso ver como la moda termina siendo algo ciclico, ya que podría pasar todo el vestuario del film por un catálogo actual de Mango o similares.

La música es otra de las pequeñas joyas encofradas de esta película, aunque no llega al nivel de transcendencia y emotividad de títulos como “Romeo+Julieta” o “Moulin Rouge”. Craig Armstrong repite en este aspecto.

Y sobre todo esto destaca, por supuesto, la realización. Que un estreno de Baz Luhrmann es todo un acontecimiento, no se puede negar. La forma rápida, fugaz y apasionada que tiene de rodar deja boquiabierto al espectador y escenas como las de las fiestas de la alta sociedad son excelentes.

Pero bueno, pese a todo lo positivo que comentamos está claro que viendo la acogida de los medios y taquilla, el resultado no es todo lo que se esperaba y esto tiene una razón. La historia de amor, al contrario del resto de títulos de Luhrmann, es previa a la historia que nos narra, sucedió cinco años atrás. Los momentos importantes entre los protagonistas son muy escasos, tan sólo un par de escenas después de su reencuentro. El resto es un desenlace prolongado en el tiempo que dura buena parte del metraje y en un momento temprano del film, provocando cierta redundancia y hace que al espectador no le baste con el gran despliegue visual y estético que proyecta.

En cualquier caso los incondicionales del romanticismo de Luhrmann estarán muy satisfechos.

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Lo mejor: Leonardo DiCaprio

Lo peor: Falta de fuerza dramática entre la pareja protagonista

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3 Responses

  1. Mer

    Lo mejor de la película: Leonardo DiCaprio y su mirada. Lo peor:… casi todo lo demas.
    La esencia de la obra de Fitzgerald pasa sin pena ni gloria en favor a un despliegue orgiástico de las fiestas que ya quisieran en muchas discotecas de Ibiza. La actriz Carey Mulligan no puede ser más sosa, pasa toda la película con cara de dolor estomacal o gripe. Y no se parece en nada a Daisy, empezando por su bastante cuestionada belleza, aunque para gustos los colores y ya sabemos que la belleza está en los ojos del que la observa. Pero aunque la mona se vista de seda y diamantes, mona se queda.
    Tobey Macguarro da grima, pero si es verdad que el papel de empanado lo borda.
    Los secundarios podían haber dado mucho más, solo Tom Buchanan tiene más cancha, cuando el personaje de Jordan Baker es muy interesante.
    Hay momentos que aburre y la historia de amor no transmite la intensidad que debiera. Asi que nada, me quedo con Leonardo con su dorado pelo mojado, con sus perfectos trajes, su sonrisa profident y la profundidad de su mirada.

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  2. Richdourd

    Me han entrado ganas de verla, me encantó Moulin Rouge y con que tenga cierto parecido me vale. Me da miedo Tobey Maguire bailando como hacía en Spiderman 3…

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  3. Mike

    Tranquilo. Es cierto que Maguire tiene un aire que echa para atrás, pero en esta película encaja perfectamente su aura con el papel.
    Te gustará.

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