La nueva entrega de “Fast&Furious” es un bombazo de principio a fin. El director taiwanes Justin Lin, responsable de la  tercera y cuarta parte de la saga se supera así mismo con la última película.

Desde el primer fotograma todo son ruedas, acción y velocidad. Repiten la fórmula (pero esta vez más rápido) de asalto a convoy de presos, para seguidamente mostrarnos una escena propia de un desenlace fatalista, en el que la tensión se mantiene hasta el último metro de puente.

Tras una puesta en escena soberbia pasamos a la trama argumental en Rio de Janerio, escenario que en parte ha sido rodado en Puerto Rico, por la problemática de las favelas.

Se agradece el estilo de Jutin Li, con movimiento rápido de cámara sin caer en los recursos tan usados últimamente  de tener la cámara bailando con planos excesivamente cortos.

La aventura brasileña es un continuo devenir de escenas de acción en la que esta vez han dejado un poco más aparcado el fenómeno automovilístico (aunque hay mucho) y se han centrado más en el personaje de Vin Diesel y su oponente The Rock. Ambos dan mucho juego en pantalla y todo promete de que repetirán cartel.

La acción es frenética y perfectamente orquestada, sin caer en obviedades y trasmitiendo esa adrenalina furiosa al espectador. Se agradece enormemente el escrupuloso uso de los efectos especiales  y la apuesta por el realismo. Memorable la escena con la que cierran el film por las calles de Rio, jamás lo hubiera imaginado.

“Fast and Furious 5” tiene muchas papeletas para convertirse en la película de acción del año, algo muy meritorio en una época plagada de películas de super héroes.

 

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