Este es uno de esos casos en los que te imaginas una película tan mala, pero que mala, mala…que al final te sorprende para bien, pero eso si, sin llegar al aprobado.

Lo primero que choca tremendamente en esta película es como han podido conseguir un reparto tan bueno para crear un producto tan…escaso.

Veámos; entre sus filas tenemos a Sean Penn (caricaturizado de si mismo), Ryan Gosling (el chico de moda y deseado por todas las jovencitas), Josh Brolin (capaz de trabajar con los Coen y luego meterse a esto), Giovanni Ribisi (totalmente desaprovechado), Emma Stone (cuya relación con Gosling lejos de explotarse se diluye en las sombras) e incluso la aparición breve de Nick Nolte.

La historia está basada hechos reales, en las peripecias de Mickey Cohen, un violento criminal que trató de apoderarse de la ciudad de Los Ángeles, pero que finalmente un grupo de valientes de la policía terminó dando caza.

La primera impresión es que el tono dramático va a tirar por los derroteros de un clásico del género del cine negro, “L.A. Confindencial” y el estilo narrativo por el de “Los Intocables de Elliot Ness” de Brian de Palma. La realidad es bien distinta. Teniendo una gran base argumental la película juega a una especie de pantomima del cómic, que parece acercarse por momentos a algo así como “Sin City” pero sin decidirse finalmente por ese estilo visual.

El personaje de Ryan Gosling es de los más desaprovechados del metraje. Al igual que su personaje parece estar aburrido, de no pintar nada, con una desgana continua, en la que entra y sale de la acción sin tener claro si esta es su película o viene de paso de la sala de al lado. Lo mismo ocurre con su compañera Emma Stone, con quien coincidió en “Crazy, Stupid, Love” y que como he dicho antes, su relación está muy poco aprovechada. Ella no pasa del papel de florero. En cualquier caso ninguno de los personajes tiene profundidad. Josh Brolin, que debería ser quien llevara el peso de la trama, el policía comprometido, de principios, con honor…no se porque, pero el guionista le cambia de una moralidad a otra sin pestañear, pensando que va a engañar al espectador. (Dónde estará ese Elliot Ness que interpretó Kevin Costner).

Todos los personajes están sobre actuados, tratando de ocupar una dimensión que luego no se muestra, es una lucha entre el comic y el cine puramente negro que deja a la narrativa en tierra de nadie, dejándonos un producto final que resulta entretenido pero con la sensación de que aquello no ha llegado ni por asomo a lo que podría haber sido.

Hablando de Sean Penn. ¡Por favor!, quien le puso esa nariz. Su personaje se transforma en esa nariz, no puedes dejar de pensar en ella como entidad propia, como de un hombre pegado a una nariz. Por lo demás, parece que la irascibilidad del personaje la tiene hecha a medida :-).

Si hay algo que pueda destacar de la película son los créditos finales, bello homenaje a los carteles publicitarios de Los Ángeles de los años 40 y 50, y por supuesto esa frase final de Josh Broslin, en la que en referencia a la ciudad señala “No es el paraíso, pero es la ciudad de Los Ángeles”

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