Una de las mejores películas del genial cineasta Woody Allen. Nominada a siete Oscar y ganadora de tres, entre los que se encontraba el de mejor guión para el mismo Woody Allen. Al igual que Manhattan o Annie Hall esta es de las películas que produce reflexión en el espectador, por la variedad de temas que trata y la profundidad y sutileza de estos, así como la forma de llegar a las propias reflexiones, desde una comicidad y complicidad que dejan boquiabierto al más incrédulo. 

La vida, la muerte, la religión, el sexo y el sentido de nuestra propia existencia son los temas que Woody Allen desarrolla con acierto durante todo el metraje. Particularmente me llama la atención la muerte, por ser quizás uno de los más recurrentes en sus películas. Rara es la ocasión en la que no escenifica a la muerte o le da un papel protagonista al cierre de sus historias. En esta ocasión la muerte está presente en la vida de un neurótico, hipocondriaco que cuando la siente cerca se encamina en la busqueda de la salvación eterna. Sin duda alguna, uno de los momentos cumbres finales del film es la reflexión que tiene el personaje sobre la muerte, la busqueda de una religión que se adapte a su persona y las conclusiones a las que acaba llegando.

 Os dejo con la brillante reflexión del final de la película.

[youtube]t2TLzVV9Unk[/youtube]

 

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One Response

  1. Guillermo!!

    Está muy, pero que muy bien la peli y la escena que nos has puesto en el post. Y el detalle de usar el cine como detonante a su cambio de actitud ante la vida, cosa que al mismo tiempo él está haciendo con sus espectadores. Muy bueno.

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