La última película de Spike Jonze es de esas que quedan en el recuerdo por haber sabido reflejar, como pocas, el futuro cercano al que la humanidad avoca.
El arranque del film es magistral, en los primeros veinte minutos despliega todo el abanico de tecnologías de la comunicación existentes y cómo estas nos facilitan la vida en un mundo futuro. Todo de una forma sutil, sin la pretensión de ese cometido, pero que nos sumerge en una realidad futura que cuanto menos resulta inquietante. Me recuerda en parte lo que supuso “Minority Report” de Spielberg, pero en esta ocasión es un futuro más realista, por lo temporalmente cercano que es. Es como esos anuncios de las nuevas tecnologías de la comunicación de los próximos 20 años que nos dejan boquiabiertos.

Una vez puesto de manifiesto este universo, en el que cada detalle cuenta, entramos en la parte más humana, en la dimensión social del asunto. Como buenos seres sociales que somos necesitamos de la comunicación, de relacionarnos con otras personas, de poder hablar sobre nuestros sentimientos, de formar parte de un pequeño universo de personas. Aquí la historia desemboca en la realidad en la que cada vez estamos más envueltos, en la de convertirnos en islas, en nuestro camino hacia la singularidad. Aquí entra en juego el sistema operativo de inteligencia artificial al que da vida Scarlett Johasson, (le valió el premio a mejor actriz en el Festival de Roma) de la que sólo escucharemos su voz. Tras una rápida puesta en marcha, en la que se sincroniza con su correo electrónico, domótica de la casa, etc… comienza a relacionarse con el protagonista y las propias experiencias irán marcando la evolución de su personalidad. Como si de un humano se tratase.

En este punto nos encontramos con la virtud del director y guionista Spike Jonze, que retrata todas las fases del enamoramiento, pero entre un humano y un sistema operativo, y de la ruptura que el humano sufre con respecto de las relaciones con humanos.  Todo ello sin dejar fuera de juego el marco tecnológico en el que nos encontramos, que de forma hábil llega a mostrarse, aunque sea en forma de videojuego. Aquí el entorno si importa, porque las relaciones no son humano-humano, es humano-máquina.  Y esta es una realidad a la que tarde o temprano tendremos que enfrentarnos, por ello resulta tan sugerente e inquietante la premisa que plantea esta película, porque a no mucho tardar ocurrirá.

Si la puesta en escena de la película es espectacular,  mostrando cada detalle de las interfaz y de como esas realidades que predecimos en las que ya no hay ratones ni teclados se materializan de forma muy creíble en la pantalla, no podemos dejar pasar por alto el desenlace, en el que unas pocas palabras con amplio sentido poético cierran esta historia en la que el hombre rompe con lo que ha sido hasta ahora y se lanza a la aventura, hacia un camino por explorar y conforme a ese viejo espíritu aventurero que todavía conservamos.

Estreno 21 de febrero.

Sorprendente[usr 4]

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