En nuestro afán por recuperar alguno de esos momentos inolvidables de la historias del cine y recordar alguno de esos títulos olvidados quiero dedicar este post a esa primera joyita dramática de Woody Allen, “interiores”, que fue su primera inmersión en el género dramático, donde nos narra los problemas existenciales de una familia de clase alta que se desmorona con el abandono del padre. Está película ha recordado mucho al cine Bergman en incluso he llegado a leer algunos paralelismos con Antonioni, Fellini y uno de los nuestros, Buñuel.

Allen borda un guión exquisito, con un lenguaje medido al milímetro y donde explota los grandes inquietudes de su cine. La muerte, el sinsentido de la vida, el amor y todos sus paradigmas. Me gusta mucho el carácter teatral de la película y la interpretación de las tres hijas de la familia, con un perfil muy marcado en cada una de ellas, Renata, Joey y Flyn.

Otro elemento que destacaría de esta película es la atmósfera fría y calculada que refleja, así como el uso de las sombras en los primeros planos de los personajes.

Es una gran crónica familiar de la que quiero destacar una de sus escenas, una de las primeras, en las que el padre en mitad de la comida, de forma sosegada y tranquila, como aquel que habla de lo cotidiano del día a día, manifiesta unas intenciones que cambiarán por completo el devenir de la familia.

 

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