Por fin llega a las salas la nueva entrega de los dinosaurios de Spielberg, que para esta ocasión ha contado con la dirección de Juan Antonio Bayona, uno de los directores más internacionales de nuestro cine en los últimos años y quizá el primero en ponerse al mando de una mega producción de 2oo millones de dólares.

Mucho se ha hablado de la humanidad y de la emoción que Bayona parecía que traería a estos dinosaurios. Lo mismo con el suspense y el desasosiego, marcas propias del talento de Bayona. La cuestión es que una vez más, como ya me sucedió con “Un monstruo viene a verme” parece que Bayona todo esto lo dejó para sus películas anteriores.

En su favor podemos decir que evidentemente el guion no es suyo , sino de Colin Trevorrow que ya bordó una trama perfecta en “Jurassic World” pero la parte creativa en la dirección no aporta nada. La tensión es inexistente, te pasas la película pensando en …”a ver cuando ocurre algo” y no es que no ocurran cosas, pero teniendo grandes dinosaurios han decidido colocarnos dos lagartijas gigantes y un cabezón enano rompe paredes  para encerrarlos en una Mansión y alborotar habitaciones.  La huida de la Isla SÍ que hubiera sido una gran aventura, como así ocurre…pero sólo durante 15 minutos del metraje.

Una trama vacía, donde los personajes han terminado por diluirse (quizá lo más grave, especialmente el personaje de Geraldine Chaplin), donde sólo reina la acción (pero una acción sin sentido), donde se fuerzan los desenlaces y donde la emoción, eso que parecían buscar con Bayona, no existe. En esta ocasión no se abren las puertas al paraíso jurásico bajo la batuta de John Williams ( tema que por cierto cuesta encontrarlo en las dos horas que dura la película).

Lo peor: Un discurso que no llega. Lo intentan una y otra vez pero no llega, ni con Jeff Goldblum en primer plano.

La esperanza al cierre de la historia: La interesante apuesta para la próxima aventura Jurásica.

 

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