Las noches de verano son ideales para revisar esos títulos que en su día dejaste pasar pero que siempre guardaste en la recámara para alguna otra ocasión. Esta noche era de esas ocasiones así que buscando y buscando entre el amplio catálogo de títulos pendientes (porque la verdad es que no hay vida suficiente para verlo todo.  Al final uno tiene que decirse entre vivir la vida o ver la vida), me dije, “La duquesa”, me apetece verla. Y así lo hice.

Siempre apetece ver a Keira Knightley vestida de época, corriendo por un jardín isabelino, con un guapo y galante noble enamorado de ella y ella de él y todo impregnado de ese ambiente tan romántico propio de las novelas de Jean Austen y de la música de Desplat, Marianelli o en este caso Rachel Portman.

En esta ocasión no podemos hablar de un gran drama. Nada en esta historia es excepcional, quizá se salve el vestuario. Tanto Finnes como Knightley no gozan de grandes registros pero mantienen el interés hasta el final. Me resulta curioso lo liberales que se muestran en esta sociedad que retratan del siglo XVIII, así como la benevolencia manifestada por el Duque en alguna ocasión.

Destacar unicamente el glamour de una dama que guarda mucho parecido con lo que más tarde representó Lady Di, señal inequivoca de que la historia siempre se vuelve a repetir.

Para incondicionales de Keira Knightley.

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