Quien me iba a decir, al igual que la canción de David Bisbal, que la fiesta de premios de los Oscar de la ORI iba a resultar como la de Vanity Fair.

Todo empezó con un gran despliegue de medios organizativos, como las servilletas hollywodienses traidas desde EEUU, que escondían un número premiado en su interior que valía o bien por un maravilloso centro de mesa elaborado con sumo cuidado con motivos cinematográficos o por la más que curiosa furgoneta de la no menos curiosa “Little Miss Sunshine”.

La cena empezó con el anuncio de los finalistas, lo que aumentó las ansias de más de uno por conocer el desenlace e incrementó la tensión entre estos. Al final llegaron los postres y con ellos la triunfadora de la gala, Macarena, que por primera vez se hacía con la apreciada estatuilla. ¡Enhorabuena!

Tras el pase de prensa, fotos y demás comenzó lo bueno. Algunos decidieron quedarse en el baile del Gobernador, pero los más atrevidos nos aventuramos a la de Vanity Fair, lugar indiscutible y necesario si quieres ser portada en webs como “Historias de Cine”. Aquí empezó lo bueno, pase de famosos de un lado a otro, vistas impresionantes desde el Penthouse de Madrid y su cielo (con razón dicen que de Madrid al cielo) y terminando en un reservado del Midnight Rose donde pudimos disfrutar de un fabuloso Champagne francés y de la comodidad de sus cojines.

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