Mucho está hablando esta semana del estreno más taquillero (y es español) en nuestros cines, “La isla mínima” del director sevillano Alberto Rodríguez, uno de los directores con más proyección del momento, que sabe manejarse en el suspense, la acción y la trama como uno de los mejores del mundo. Es un director que viene de hacer películas como “Grupo 7” o “7 Virgenes”.

Para muchos es una película casi perfecta y redonda, pero he de discrepar en algunos aspectos, aunque primero alabaré sus mayores virtudes, que están en la Fotografía y en las interpretaciones y así lo corrobora el Festival de San Sebastian de este año. 

La fotografía (Alex Catalán) resulta brillante, partiendo de los planes cenitales de las marismas con los que abre la película y que durante su metraje va reforazando en busca de esa atmósfera tan particular del film, que aportan más de lo que parece a la trama. Por momento parece que estés viendo el documental “Planeta Tierra”. El manejo de las sombras y ambientes cerrados también alcanzan cotas insuperables llenando de suspense escenas que de otra manera serían difíciles de realizar, y como cada personaje y su entorno gozan de una luz peculiar, como es la del fotógrafo y sus encuentros con el personaje de Raúl Arévalo.  Y aquí entramos en las interpretaciones.

Actores; que podemos decir de figuras como las que recogen esta cinta. Raúl Arévalo no gana para registros, es capaz de todo. Tenía en la retina su personaje “villano” en la serie “El tiempo entre costuras” y este nuevo registro en las antípodas de aquel es sorprendente. Javier Gutierrez está soberbio, no se puede criticar absolutamente nada de su puesta escena y hasta Antonio de la Torre, en un papel muy secundario llega a robar el interés del espectador, uno de los más grandes de nuestro cine. No me cabe duda de que estos tres estarán en las nominaciones de los Goya de este año, especialmente Javier Gutierrez.

Realización; Este es otro de los aspectos, que aunque no tan destacados como los dos anteriores, merece ser reconocido por alguna de sus escenas. Hay alguna muy buena como la de la persecución en coche por la noche, que sin ser una escena espectacular, llena de efectos visuales y adrenalina a flor de piel deja agarrotado al espectador, jugando con la luz y la oscuridad en mitad de la persecución. Pero si tuviera que quedarme con algo que destaque por encima de todo es la escena de persecución a pie en las marismas, especialmente ese plano en el que nos muestra un travelling lateral en el que la cámara se va acercando en paralelo a Raúl Arévalo. Es bestial. Es toda una muestra de estilo y coreografía que poca veces vemos y merece la pena hacerle mención.

Ahora viene lo que menos me gusta; el guion. Donde algunos ven una pieza milimétrica bien orquestada yo veo agua por todas partes. Algunas de las situación están metidas con calzador, la historia está llena de momentos de desconcierto, de esos que requieren la atención del espectador y la consecuente incertidumbre del mismo por lo inverosimilitud de lo que está viendo, pero que comprende que cuando la trama se resuelva, cuando se produzca ese giro revelador que ate todos los cabos verá pleno de sentido a toda esa información que se le ha ido suministrando.

No sólo esto no se da, sino que una vez resuelto entiendes algunas de las situaciones en contradicción con la resolución de los hechos. Entiendo que puede ser difícil de entender sin desvelar parte de la historia, pero una vez vista lo entenderéis.

En resumen, es una de las mejores películas de este año, y pese a que su final es lo más realista que he visto en mucho tiempo, la forma en el que se llega a él está lleno de agujeros confusos.

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