Peculiar historia ganadora del Oscar a mejor película extranjera (era canadiense), que relata los últimos días de vida de un hombre de bien, que ha disfrutado plenamente de su vida. Un hombre culto, con cierto éxito profesional (profesor en la Universidad), aunque él insistía en denominarse un fracasado, que había sabido disfrutar de los placeres de la vida y de las mujeres. Su única pega: la familia, unos hijos abandonados con los que se reencuentra (inclusive vía satélite) para despedirse de la vida.

La historia nos cuenta esos últimos días, días en los que su exítoso y capitalista hijo (como él le llamaba, considerándolo una antítesis de él mismo, que era un socialista) convoca a sus amigos, amantes y ex-mujer para que pasen juntos los últimos momentos.

El trazo del guión no tiene pega alguna, toca diversos palos de crítica social, al sistema en sí y todo con acierto y humor. También hay tiempo para los sentimientos y la reflexión de la propia existencia (como bien dice  Rémy, el protagonista,  “quizá la vida sólo sea eso, buscarle sentido”), siendo así implacable con el espectador, al que le muestra un abanico muy completo de complejidades sin tener que profundizar mucho en ellas.

Gran película que recomiendo a todo el mundo, eso sí, no olvidéis que la tristeza se apoderará de vosotros.

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