Está es la primera película que dirigió Fraçois Truffaut, y una de las primera películas del movimiento Nouvelle vague francés. Gracias a las circunstancias de la vida he tenido la oportunidad de poder recordar esta cruda historia, la de muchos jóvenes de las grandes ciudades donde la soledad a la que les exponen sus padres,siempre ocupados con el trabajo, los deja a la intemperie en los momentos más importantes de su vida, aquellos en los que se están formando y en los que se da forma a todo lo que en su vida llegarán a ser.

El rostro de Antonie, el joven protagonista de la historia es el fiel reflejo de la incomprensión y el sufrimiento que lleva por dentro, de ver el desinterés de su madre hacia a él y como su padrastro pasa a ser alguien inexistente.

Por desgracia creo que esta historia está más presente en nuestro tiempo que a finales de los 50, momento que Truffaut retrata en esta historia y cuyo valor documental merece la pena ser revisitado.

Si hay una escena o un plano que pueda destacar de esta película es el último de ellos, ese pequeño plano secuencia en el que Antonie corre hacia el mar, hacia la playa, a ver esas aguas que nunca antes había tenido la posibilidad de ver. Un poema en movimiento.

 

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