Partimos de la base de que estamos ante el ojo de Aronofsky, lo cual, dificulta una explicación clara de la trama.

Partamos de los hechos con los que arranca el film. Durante la primera hora de ¡Madre!, Aronofsky construye una situación extraña y un suspenso que prometen. Todo sucede en una casa en el medio del campo, en la que viven un escritor con un bloqueo creativo (Javier Bardem) y su esposa (Jennifer Lawrence). Un incendio había destruido el lugar, pero la joven mujer se encargó de reconstruirla para hacer feliz a su marido e intentar que éste puede recuperar sus impulsos artísticos (y también de otro tipo). Detrás de las paredes la casa parece estar viva y el personaje de Lawrence recorre su propio hogar con cierta incomodidad. La llegada de un hombre (Ed Harris) en medio de la noche y luego la de su mujer (Michelle Pfeiffer) resultan amenazantes para la joven anfitriona y el clima se va poniendo cada vez más espeso.

Hasta aquí todo pinta que estamos ante un thriller de terror que en cualquier momento dará su giro dramático y tenebroso, pero que sin embargo se lanza hacia el surrealismo para llevar a cabo una hipérbole metafísica sobre el amor, el fanatismo y con más trasfondo, la religión.

Spoilers:

La verdad es que tardas en encontrar la metáfora que hay detrás de todo, siempre piensas que cada elemento narrativo que va presentando va a tener un sentido en el contexto del film, pero que terminan diluyéndose hasta robarle todo el sentido, como puedan ser los personajes de Harris y Pfeiffer, o elementos como el sótano.  Pero es que la trama va más allá.

Aunque titubea con conceptos como el egoísmo y narcisismo de los artistas, con el amor de una madre y su maternidad, el verdadero sentido es un retrato cubista del fanatismo religioso. La casa viene a ser el mundo que habitamos, siempre desangrándose por culpa del mal que engendra el hombre, como pueda ser una de las muertes que ocurren en ella. Bardem como máximo representante de la humanidad frente a la divinidad, lo que vendría a ser un Papa o sacerdote de cualquier religión al más alto nivel. Por último una Jennifer Lawrence, sublime en su interpretación, que vendría a ser ese Dios al que todos ansían y que goza de un amor incondicional hacia su hombre, la humanidad.

En resumen viene a ser la visión religiosa de la divinidad, de como esta ve al hombre, destrozándose entre si, como si estuviera en una gran fiesta en una casa de la que no puede escapar, donde caen bombas, donde las estampitas rebosas las paredes con sus ídolos, donde ofrece al hijo de su vientre y termina siendo devorado por las masas.

En definitiva una locura de película, que resulta extravagante en sus formas y en el fondo, pero que  no podemos negar una brillante realización. Los minutos previos al desenlace, con la destrucción “in crescendo” del hogar, abusando del plano corto claustrofóbico, agónico y absorbente, con un giros de cámara que terminan en nuevos encuadres cada vez más vertiginosos y cuya puesta en escena está en manos de muy pocos directores.

Juzguen por si mismos. Hoy en todos los cines.

Related Posts

Leave a Reply

Your email address will not be published.