Un poco tarde, pero por fin he podido ver “Manchester by the Sea”, la película que le ha hecho ganar el Oscar a mejor actor a Casey Affleck, que valoraciones personales al margen, como actor me parece extraordinario. Ya me ganó haciendo de Robert Ford y pese a tener esa pose tan Ryan Gosling, rezuma un trasfondo cargado de intensos sentimientos mejor que la media.

Había leído cosas sobre esta película que me echaban bastante atrás. Lenta, aburrida, y me venían a la cabeza títulos como “Nesbraska” de Alexader Payne que tuvo varias nominaciones a los Oscars en 2014 y que la verdad, me aburrió bastante. Con la película de Kenneeth Lonergan me ha ocurrido todo lo contrario. Me ha enganchado desde el primer momento. Su ritmo lento pero embaucador te atrapa en la costumbrista vida de sus personajes y no te deja huir. La manera en que va desgranando la trama y como está montada es increíble. En concreto, sin ánimo de hacer un spoiler, la escena en la que se muestra la relación entre  Casey Affleck y Michelle Williams, que es sublime. Sólo esta escena merece por completo el resto de la película y el acompañamiento del Adagio de Albioni o la propia música compuesta por Lesley Barber, tan minimalista como la propia geografía del lugar envuelven las circunstancias de un dramatismo que refuerza las emociones con mucho acierto.

Me encanta el arranque y el cierre de la película, como en las buenas novelas, donde la historia que narra da exactamente igual, porque de lo que hablan de es de la vida, de los sentimientos, el fin mismo del ser humano.

Una película muy recomendable, nada pretenciosa y que llega hasta el fondo.

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