Esta semana llegaba a las salas “The Martian”, traducido en España como “Marte”, ya que eso de “El Marciano” sonaba algo cómico. Las expectativas que tenía con esta películas eran increíbles, esperaba ver algo parecido a “Gravity” en cuanto a puesta en escena y aventura y a “Interstellar” en cuanto a la profundidad y perspectiva de las historia narrada, de esas historias que conmueven el alma de cualquiera cuando hablan de la transcendencia del ser humano. Al final ….pues si, algo de todo esto tiene, pero a un nivel básico. También tenía mucho que ver en estas expectativas haber leído la novela de Andy Weir donde narra de forma extraordinaria como el astronauta Mark Watney va enfrentándose a cada uno de los problemas que van surgiendo y como “ciencia en mano” busca la forma de solucionarlo, así, problema tras problema. En la película es obvio que esto no puede reflejarse con la misma exactitud, incluso muchas veces hay cosas que se pasan por alto o como algo que sucede con la Pathfinder que simplemente ha desaparecido del guion.  Todo este cúmulo de cosas hace que los que conocen la historia se den cuenta de la cantidad de implicaciones emocionales que se van dejando por el camino pero que entendemos que son necesarias para poder narrar toda la aventura en 2 horas (¿no hubiera sido mejor hacer una serie?). Dicho esto me quedo con la sensación que tuve con la adaptación de la novela de Dan Brown, “El código da Vinci”, donde nos encontramos con una narración trepidante en el libro pero que en la pantalla Ron Howard no supo resolver con maestría.

Antes de que se me pase por alto quiero recodar la banda sonora de Harry Gregson-Williams, que no me termina de cuadrar. Cuando sacan planos generales áreos en desplazamiento horizontal sobre las montañas me parece estar viendo una peli de Michael Bay y música escrita con el piloto automático de Hans Zimmer. No tiene alma y en los momentos más íntimos (los poquísimos que hay) no acierta con el tono. Lo mismo ocurre con el tema de la música disco de los 70. Vale que la capitana de la misión es la música que llevaba a bordo y en la historia hay alguna gracia al respecto, pero no terminan de gustarme los montajes a ritmo de música disco que Ridley Scott orquesta para meter un buen avance a la historia. Le resta dramatismo y termina pareciéndo más un gran hermano que la profundidad y soledad de un planeta habitado por una sola persona.

Si hablamos sobre el protagonista, Matt Damon, lo tenían todo para que fuera una interpretación brillante, pero si soy sincero con mi sentido crítico, no termino de creérmelo en ningún momento (como el doble que usan para la bajada de peso que sufre durante el más de año y medio que pasa en Marte).

Sobre la parte que transcurre en la Tierra puede que sea lo mejor, aunque está lleno de personajes planos y conversaciones demasiado evidente y “comerciales”. Eso si, Jeff Daniels me fascina en este tipo de papeles, les otorga una credibilidad como pocos otros saben hacer (uno de los motivos por los que sigo la serie “The Newsroom”. Ah! y Michael Peña como piloto de la Hermes, el astronauta Rick Martínez. Me hubiera encantado ver como ensayaba las maniobras o la relación especial que Johanseen tenía con su compañero Beck. Y tantas cosas más…)

De vuelta al espacio creo que esta historia hubiera estado mejor en manos de un director más emocional y existencialista. Por ejemplo Iñárritu o Cuarón, los mexicanos que están tan de moda estos años. Incluso James Cameron hubiera sabido mejor encaminar los perfiles de los personajes, sus motivaciones y roles con una imagen de Marte más contundente. Porque seamos realistas, si lo pensamos fríamente nunca terminamos de creernos que eso es Marte. No sé si será por la selección de los planos, el encuadre o la atmósfera en general, pero en “Misión a Marte” me lo creí mucho más.

Cómo dice una amigo que la vio ayer, es una trama muy ligera, pasa muy por encima y con el “pedazo” de material original con el que contaba, tiene crimen. Podía haber diseccionado algo la trama, dejando más reducidos los trances por los que pasa Watney y haber entrado más en detalle en estos y desarrollar así el personaje, cosa que no hace. Es el problema de tratar de ser fiel a la novela. (Para eso hay que aprender de “Juego de Tronos”)

En cualquiera de los casos no quiero desanimar a nadie a ver esta película. Fantasear con los confines del Universo y la conquista espacial siempre es agradecido. Soñar es una de las mayores virtudes que existen.

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