Ya está disponible en DVD “Palmeras en la nieve” la película qué tanto se esperó en las carteleras españolas en las navidades pasadas, pero que no resultó todo lo épica, majestuoso y completa como se esperaba. Posiblemente este sea otro de los casos en los que la película no hace justicia a la novela, una base extraordinaria, con todos los ingredientes para contar una historia de amor de las que dejan huella, de esas que dejan al espectador el corazón partido durante unos días. El exotismo de una colonia en el África tropical y la distancia con la civilización se prestan, junto con la belleza de esa naturaleza salvaje a brindarnos la pasión en su expresión más sublime. m2

La belleza del título nos predispone a una gran historia que desde el arranque nos deja claro que hubo una intensa historia amor condenada al destierro, sin marcha atrás, en la que todo quedará en el corazón, en la que la calidez del recuerdo del romance, representado en las palmeras, habitarán por siempre el corazón del amado en la fría y nevada Huesca, habiendo por siempre en su interior palmeras en la nieve.

El problema es que se pasa de puntillas por la historia de Killian (Mario Casas) y Bisila. Incluso historías secundarias como la de Julia con el médico gozan de más credibilidad y empatía por parte del espectador durante la primera hora (de tres) que dura la película. A esto se añaden elementos puramente de nuestro cine como el revolcón en la playa de Adriana Ugarte (Clarence) con un nativo, cutre desde el ángulo en el que lo mires.

Pese a todo los románticos empedernidos estaréis de enhorabuena con esta historia, vuestra imaginación aportará todos aquellos planos que Fernando González Molina no supo recoger, la aventura que cualquier hubiera gustado vivir, entorno paradisiaco, la naturaleza de nuestra de vuestro lado y la civilización en contra del amor. Los elementos esenciales para que la pasión, el deseo y el romanticismo broten con toda su fuerza para dejarnos marcados para siempre, en una historia, que como suele pasar, la distancia siempre es directamente proporcional a la pasión de sus amantes, marcándoles toda una vida a miles de kilometros uno del otro.

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