La nueva entrega de “Predators”, producida por Robert Rodriguez, no es tan mala como pensaba.  Desde su arranque tiene un toque “Perdidos” muy sugerente. Juega con la incredulidad, la incertidumbre y cierto suspense. Incluso puedes llegar a creerte a Adrien Brody en el papel de mercenario. Hay alguna aparición muy buena, como la de Laurence Fishburne.  Hasta aquí todo bien. El problema surge cuando la trama empieza a diluirse y lo que parecía ser una nuevo “Pitch Black” termina convirtiéndose en una aventura bastante ligera y absurda. Que deciros del final, ¡metido con calzador!

En resumen, apta para fieles al género Predator, el resto, podéis pasar sin verla.

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