“Quantum of Solace”, o como muchos ya bromean, “Cuanto sol hace” es la última entrega del agente secreto Bond, James Bond (que por cierto no lo dice en esta entrega) que viene a traernos más de ese giro hacia lo “agente Bourne” que tan buen resultado le ha traido a Matt Damon, y que para la saga del agente del Mi6 han decidido copiar en sus dos últimas entregas.

Marc Forster es el responsable de este proyecto, un director que nos tiene acostumbrado a ritmos totalmente distintos y que, en cierto modo, consigue imprimir algo de esto en la historia.

Nos muestra a un Bond que parece perseguir la venganza, pero que en el fondo sólo necesita consuelo, estrechar esa mano amiga, esa mano que le comprenda, que sienta empatía por él.

En el apartado técnico vemos un poco más de lo mismo que directores como Peter Greengrass han tratado de trasladar hacía el género de la acción, pero con un toque de sofisticación a la hora de posicionar la cámara, como esos giros vertiginosos del tiro de cámara sin cambiar el plano que ya desde los créditos nos pone en preaviso. El resto, el continuo traqueteo de planos cortos, que terminan por marear más que adentrarnos en el núcleo de la acción. Al final termino creyendo que esto de recortar tanto los planos va a tener que ver con otro tipo de recorte, el del presupuesto, evitando así un mayor despliegue de medios para hacer creible la acción. No obstante, esta película nos deja momentos memorables, como el arranque con el mítico Aston Martín.

Daniel Craig encarna como el mejor, a un tipo duro, que a pesar de la violencia que despliega tiene la clase suficiente para no lastimar un solo hilo de su Brioni. Es el hombre que todo igual desea encarnar dejándose llevar por sus instintos y el hombre que toda mujer desearía tomar entre sus brazos.

No tengo duda de que Daniel Craig volverá a encargar al agente secreto del Mi6.

Por último no quiero olvidarme de David Arnold, responsable de la banda sonora, que contribuye con esos acordes al más puro estilo Gustavo Santaolalla a crear esa atmósfera de resentimiento, necesidad de cariño y soledad en la que vive Bond, James Bond.

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