Una vez más Ridley Scott nos cuenta una historia de trincheras bélicas que termina siendo resultona sin más complicaciones. Nada que ver con otro título suyo que llegó hasta los Oscar, hablamos de “Black Hawk derribado”.

Scott junta a DiCaprio con Crowe para asegurar la taquilla, el buen hacer de los actores, y el respaldo del presupuesto. Al margen de las vicisitudes del film, el trasfondo y las intenciones son a tener en cuenta. Sabe como manejarse en el thriller de espionaje y saca a relucir las miserias de la guerra sucia de despacho enfretada a la realidad de los hombres de campo en el laberíntico mundo de la guerra moderna.

Por momentos la historia parece convertirse en bucle repetitivo donde la misma circustancia se repite una y otra vez, pero gracias a algún que otro espontáneo destello cómico y una considerable consistencia argumental consigue salir a flote, apesar de las reminiscencias con títulos (no muy acertados) de su hermano, como “Deja vú” o “Juego de espías”.

No obstante es una película recomendable, especialmente para aquellos obzecados con la fe, ricos en prejuicios y dogmas políticos. Me quedo con la frase que DiCaprio profesa a Crowe cuando este le dice “cuidado con darme la espalda, ya sabes lo que significa eso. Le das la espalda a EEUU” a lo que Leonardo responde, “cuidado con creerse ser EEUU”. Sin palabras, resume la esencia del film en cinco palabras.

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