Aunque se han hartado a decirnos que el Robin Hood de Ridley Scott es un Robin diferente,  que sorprenderá y que es una versión más realista de la historia, al final no deja de ser una historia medieval más con el sello Scott.

La virtud está en la medida y para la ocasión Scott ha sabido administrarla bien. Por un momento pensé que me encontraba ante una versión nueva de “Gladiator”, o una más de “En el reino de los cielos”, pero el director se maneja en las distancias justas para no caer en tópicos y viejas glorias.

Esta claro que Russell Crowe ha nacido para interpretar este papel de hombre de bien, de grandes glorias y justicias. Admirado y seguido con respeto. No hay nada mejor que verle montar a caballo con cara de cabreo y levantar suavemente un brazo para que alguien le lance una espada que agarrar. Con esa imagen se podría definir su trayectoria de forma fiel.

Con lo que no comulgo de la historia es con esos niños sacados del País de Nunca Jamás mezclado con los del Orfanato de J.A. Bayona metidos en cruzadas. Lo mismo he de decir de la historia del padre de Robin Hood, que no aguanta ni con calzador. Absurda y ridícula a partes iguales.

En conjunto nos encontramos con una película de aventuras y acción en la que el ritmo de la historia es acertado, salvaguardando algunos momentos centrales en los que se exceden con el correveidile, pero que en lineas generales es consistente.  Scott narra  visualmente sus cruzadas bajo su sello personal, como siempre, limpio, sencillo y preciso, con ese toque de celeridad que tanto me gusta de él.

Por último destacar el casting del film. El inagotable Max von  Sydow está sensacional, así como Cate Blanchett como Marion de Loxley, William Hurt, Mark Strong como el malvado Godfrey o a Oscar Isaac en el papel del Principe Juan, actor que hace poco pudimos ver en “Ágora” de Amenábar.

No os arrepentiréis con esta película.

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