Vamos, no vamos, vamos, no vamos. Al final un golpe de casualidad o de necesidad hizo que no esperara un día más para ver LA OBRA MAESTRA DE 2010. Hacía mucho, muchísimo tiempo que no me sentía así en una sala de cine. “Malditos Bastardos” de Tarantino me hizo disfrutar como ya no recordaba pero es que la nueva película de Martin Scorsese eleva al cine al templo de los dioses, a esas míticas historias contandas por los más grandes. Es cierto todo aquello que la crítica ha manifestado al respecto, comparando la cinta con Kubrick o Hitchcock. Totalmente. Desde un primer momento sientes que lo que estás viendo se convierte al instante en historia del cine.  “Infiltrados” fue buena, buenísima, pero es que “Shutter Island” goza de una sensibilidad y una melancolía intrínseca que termina por dotar a Scorsese de ese último golpe maestro que podía faltarle, si es que alguna vez le faltó algo. Volviendo a las comparaciones, es verdad que la trama se mueve constantemente por aguas Hitchcockianas y que en el personaje de Leo puedes ver reflejado a Cary Grant dirigido por el Hitchcock de sus mejores tiempos, y la realización roza lo Kubrickiano en cada uno de sus planos, así como la intensidad y naturaleza del personaje protagonista interpretado por DiCaprio. No puedo evitar no decirlo, me ha parecido una película soberbia. ¿Qué sea más explicito? bien, vamos allá.

1.Leonardo DiCaprio: No me cansaré de repetirlo, es el mejor actor de su generación y junto a uno de los pocos maestros que todavía quedan en pie, hacen un tandem que espero que se repita lo antes posible. La credibilidad de Leo roza la excelencia, se cuentan con los dedos de una mano los actores en activo que tienen esa virtud. Dispone de mil registros interpretativos, jamás sentirás que sobre actúa o que la escena le viene grande. Tiene varios momentos memorables y lógicamente, para evitar destriparos la película, no diré mucho más. Simplemente quedarme con ese momento tan dramático del final en el que te pone la piel de gallina y llega a quebrarte el corazón. Desde aquí y ahora mismo, propongo a Leo para el Oscar ¡ya!.

2.Fotografía: Últimamente estoy disfrutando mucho de la fotografía en la gran pantalla y todavía me falta “The Road” del español Javier Aguirresarrobe, pero es que Robert Richardson llega a conseguir que te pierdas en la profundidad de los planos. Habitual de Scorsese y de Tarantino, que también es el responsable de la fotografía de “Malditos Bastardos”,nos deja unos claroscuros increíbles, así como el manejo de la profundidad de campo, las nieblas (ya le hubiera gustado a Amenábar esta atmósfera para “Los Otros”), las luces duras y los contrastes.

3. Dirección: Que puedo decir que no hayáis visto ya. Quiero destacar la colección de planos aéreos y cenitales (muy Hitchcockianos) que con mucho acierto selecciona para el montaje final. El ritmo es pausado pero sin perder un ápice de la intriga e incentivando por momentos la curiosidad del espectador, dando pequeños saltos bruscos en la trama para provocar el sobresalto.

4.Montaje: Thelma Schoonmaker es la responsable. Ganadora del Oscar por “Infiltrados”, y que también editó “El aviador”, es una habitual de Scorsese, y no es para menos. La alternancia entre las diferentes realidades del film, los sueños, los recuerdos y en definitiva la verdad sobre la vida, son excelentes. No hay un sólo minuto de montaje que se salga de la tónica y haga cojear al resto. La credibilidad es absoluta.

5.La historia: Es la primera vez que veo retratadas las enfermedades mentales con tanta maestría. Esto demuestra que no hacen falta grandes artificios ni montajes surrealistas como hacen algunos directores (véase Charlien Kaufma por nombrar uno). El guión traza una línea y un manejo de los recursos cinematográficos que te dejan boquiabierto. Los últimos 20 minutos me dejan sin palabras, así como ver como juega en ambos bandos haciéndote dudar, para terminar siendo un fiel reflejo de la realidad que retrata el film.

6.Metáforas: La mejor sin duda alguna es la del faro, que muestra la soledad inerte en la que puede llegar a desarrollarse la vida. La muerte, la huida y a la vez la oportunidad y curiosidad por otras vidas, por otros mundos. También tenemos muy presente el reflejo de la sociedad americana de los 50, aquella a la que se le caía el mito, que descubría que no todo era tan maravilloso y se daba de bruces con la realidad.

La única pega se le puede poner al score de la primera parte del film, que goza de un protagonismo que no lo merece, distrayendo en cierta medida al espectador. La cuestión es que una vez que aparece el tema “On the nature of daylight” de Max Richter los sentimientos afloran para quedarse hasta el final. En definitiva, creo que es una de las mejores películas de Scorsese, así como la interpretación de Leo, que desde sus primeros films (previos a Romeo+Juliet) no alcanzaba este nivel interpretativo (salvaguardando distancias con “El Aviador” o “Diamantes de Sangre”, algunas de las más recientes). Espero que pase mucho tiempo en quitarme de encima esta dulce y melancólica sensación que te deja el film y espero que todas mis opiniones vertidas estén a la altura que este film se merece. Yo no perdería un segundo más e iría volando a la taquilla a comprar una entrada.

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