Nicolas Winding Refn había puesto el listón muy alto. Con “Drive” ganó el premio a la dirección en el Festival de Cannes y se metió a todo el mundo en el bolsillo. El tándem Nicolas-Gosling estaba claro que se repetiría y este ha llegado de manos de “Solo Dios Perdona”. “Drive” puso de manifiesto un estilo narrativo, visual y una nueva forma de hacer cine negro, que nos dejó con ganas de más. El tema es que su nuevo título nada tiene que ver con esto, lo que defraudó, y mucho, en el mismo Festival de Cannes, que años antes le había adorado. Pero esto no significa que el director haya renunciado a su estilo, todo lo contrario, me parece más suya, me recuerda a su primer largo “Valhalla Rising” (2009), y es que su alma danesa impregna cada plano de la película.

Con esto no quiero justificar su narrativa, porque lo que si es cierto es que demuestra una gran inmadurez en la trama que describe. El personaje de Gosling se enfrenta al asesinato de su hermano y la presión de su madre para que se haga venganza, pero desde una ausente motivación y cuyo desenlace deja sin sentido alguno las pretensiones que pudieran haberse ocultado hasta el momento.

La historia se maneja en a penas quince hojas de guión, donde los silencios y los gestos dominan la situación. Como ya se ha dicho alguna vez, poesía, poesía pura y dura, pero una de la que no llega, de la que no encontramos motivaciones y esto es una lástima, porque el material del que se parte es muy bueno.

Es una pena la desaprovechada y excelente fotografía que se plantea, el ambiente oscuro y siniestro, con una música, una vez más, de Cliff Martinez que engancha desde el minuto cero. Un Ryan Gosling soberbio, que no hace falta que se quite la camiseta para demostrarnos que tiene uno de los mejores cuerpos del momento y un redescubrimiento de Kristin Scott Thomas, que esperamos tenga continuación.

La verdad es que no sé a que juega Widing Refn, porque su recreación visual llega a limites que rozan el absurdo, con una contención en las interpretaciones que no son necesarias, creándose unas necesidades estéticas a la hora de contarnos la historia que son completamente gratuitas, no hacen falta, de hecho enturbian el ritmo y nos hacen caer en el limbo, un limbo que parece ser donde estas los personajes que nos describe, un mundo donde todos tienen culpa, llevan el pecado y la redención con ellos y parecen andar buscando ese juicio que para bien o para mal les libre de este lugar, se salven de la contención y sufrimiento intimista que cubre toda la escena.

Tampoco pedimos que para saltarse la narrativa convencional se convierta en un Tarantino, pero si que al menos nos trasmita, nos haga llegar la historia, que podamos sentir a los personajes, sus motivaciones, intuir sus intenciones y hacernos partícipes de la historia. ¿Tanto pedimos como espectadores?

La única gracia que le queda a este film por contar es su duración, 90 min., como el cine infantil. Por algo será.

Para curiosos: [usr 2,5]

taquilla

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One Response

  1. gema

    De las peores películas que he visto…., tenia que haberme metido a ver la de los Miller, cine comercial, pero al menos te ríes.

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