Como suele suceder, cuando uno tiene unas expectativas muy altas todo termina siendo peor de lo imaginado y esto es lo que pasó con el último título de Will Smith.

La historia empieza bien, la desolación es patente en cada una de las esquinas de la ciudad de New York, el miedo a la inmensa soledad se adueña de ti y tu imaginación hace que pienses que la amenaza nocturna te alcanzará en la butaca. El problema es que este serio planteamiento pierde toda la credibilidad en el momento en que los “infectados” adoptan un patrón de comportamiento contrariamente al caótico y enfermizo que nos adelantaba el científico protagonista que no es otro que Will Smith. Pasan a convertirse en unos tipos organizados, con jefe supremo, sentimientos amorosos entre ellos, de venganza incluidos e incluso de anticipación y premeditación. Esto hace que la historia pase de ser realista a cuento fantástico.

El exceso de metraje, lentitud, falta de humor(pretendido en ocasiones), y aquel plano de cámara en mano detrás de Will cuando va a cazar el ciervo (totalmente innecesario) creo que harán que el boca a boca apague las ínfulas de este film apocalíptico, que por el mero hecho de sus intenciones de fin del mundo se las prometía muy felices.

Me hubiera gustado ver un film más moralista o con el frecuente trasfondo político y social de otros títulos bajo las mismas premisas porque al final resulta una ser una historia vacia, sin principios ni motivos y sin ningún camino recorrido ni por recorrer.

Lo mejor: el perro.

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