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J. Edgar

Como bien decía uno de nuestros lectores, “que esta película dirigida por Clint Eastwood y protagonizada por Leonardo DiCaprio no estuviera presente en la carrera final por los Oscar era una evidente señal de que el producto había salido algo fallido”. Y aunque me cueste reconocerlo, la película no es tan buena como esperaba. Parece que Eastwood empieza a encadenar trabajos medios, ¿volverá algún día a brindarnos buenos peliculones?

En cuanto a Leonardo la historia es distinta. Es verdad que la caracterización es muy agradecida e influye en su interpretación, pero no está al nivel que nos tiene acostumbrados. Quizá sea lo que tienes ser el mejor actor de su generación, que en cuanto bajas un poco el nivel y aunque sigas estando por encima de la media, ya no se te valora igual.

“J.Edgar” nos cuenta la historia de la evolución de un personaje que llegó a convertirse en una de las personas más influyentes en la política de Estados Unidos, como director del FBI, agencia que consigue llevarla de la nada a lo que es hoy en día.  La película llega a tener un toque teatral, con excesivas escenas en la que Leonardo relata un mismo discurso repetidamente. A esto añadimos una falta de identificación con el entorno y los acontecimientos. Quizá este puede que sea el punto que encierre la clave de la película. Se centra demasiado en el personaje de J.Edgar y sus relaciones personales, olvidando el desarrollo de una trama conductora y de los hechos históricos que lo envuelven.

 

Ver resto de la ficha y sinopsis de la película. 

Invictus.

Clint Eastwood no defrauda y nos muestra un film con aires de grandeza y cierto trasfondo bajo el hilo sensiblero y romántico tan habitual en él, es decir, esos planos estáticos, de mirada perdida y música de trompeta solitaria o teclado perdido.

Pasa, en cierto modo, de puntillas por la dramática vida de Nelson Mandela y esto es algo que alguna voces le han criticado, aunque creo que vemos de Mandela justo lo que la historia nos demanda,  porque sus pretensiones no son dibujarnos con tiralíneas la biografía de Nelson Mandela o el Apartheid en Sudáfrica, sino más bien mostrar una historia de humanidad, de esperanza, de perdón y de grandeza.

Eastwood abusa de algunos recursos, como los reiterativos planos de las grandas del campo de rugby (siempre los mismos) o de esos planos tan suyos que antes comentaba, donde la música y la emoción se funden.

Destacables son las constantes reflexiones en voz alta del mismísimo Mandela, el acento logrado por Morgan Freeman y Matt Damon o la escena final del partido y el efecto que provocan los créditos finales con las imágenes reales.

Está claro que dentro de esa mirada dura y fría de Eastwood hay un corazón muy romántico ya que últimamente no cesa en su empeño de traernos historias de superación con final feliz. Veremos que hacen en los Oscar.

Los puentes de Madison.

En el verano de hace trece años tuve la fortuna de ver esta gran película de Clint Eastwood, de la que mucho tiempo después he defendido como la mejor película de este gran cineasta.

Un buen día compre el DVD y lo mantuve con su envoltorio de plástico hasta esta misma noche, justo en la que tuve la suerte de disfrutar viendo como alguien a quien llevaba diciendo “años” que la viera, por fin lo hacía.

“Los puentes de Madison” es una bella historia de amor fugaz, intensa, apasionada, que nace de lo más puro y bello que hay dentro de nosotros. Meryl Streep, como es habitual en ella, está soberbia. Cada uno de sus gestos, movimientos, miradas, el rubor de sus mejillas, la complicidad con Clint Eastwood. La química entre la pareja es sobrenatural.

Trata sobre los sueños, sobre aquellos que siempre quedaron en el tintero y que a veces recordamos con melancolía. También habla sobre la vida y su más firme finalidad, vivirla. De los sentimiento encontrados y de los enfrentados, de la responsabilidad, del amor y de todo aquello que nos hace sentirnos vivos y con ilusión.

Quiero recordar unas pocas frases inolvidables del film:  Como aquella en la que Eastwood le dice a Streep, “Estás tan maravillosa que cualquier hombre huiría corriendo de alegría”, teniendo en cuenta la doble intención de sus palabras. También aquella de “No quiero necesitarte porque no puedo tenerte”, siendo este uno de los momentos más dramáticos de la película. También está aquel brindis de nocturnidad y bajo la luz de las luciérnagas en el que dicen aquello tan bonito de “por las noches antiguas y la música lejana”. Y hablando de momentos bellos “El amor no atiende a nuestras esperanzas, es puro y absoluto”, pero sobretodo  y de forma definitiva ” Lo diré una sola vez y nunca lo había hecho antes. Esta clase de certeza sólo se presenta una vez en la vida”, sin duda la mejor forma de definir esta historia.

Y como de momentos inolvidables se trata, os dejo en imágenes el momento culmen de emoción, en el que ella se enfrenta al último momento decisivo, la última oportunidad para cambiar su vida.