Hace poco tiempo tuve la oportunidad (gracias a este prematuro verano) de cenar en una terraza en un lugar que me trae a la memoria grandes recuerdos asociados a esas noches de cine de verano de la adolescencia. Es un lugar de relativa juventud, de estos que se crean en medio de ninguna parte y en los que puedes perder la vista en el horizonte y sentirte algo liberado de la civilización.

Paradójicamente  en este lugar abrieron un pequeño cine, que por supuesto, estuvo condenado al cierre en pocos años. El tiempo que duró fue maravilloso. Recuerdo esas tardes de verano en las que en compañía de mis padres y de mi hermana, y a veces mi tía, íbamos a este lugar.

Lo recuerdo como toda una aventura. Tras un largo día de piscina, una ducha rápida y al coche rápidamente para llegar a aquel mundo de carteleras en mitad del campo. Recuerdo elegir el título sin saber nada más sobre la película que la foto que aparecía en su cartel, con la expectativa de vivir una  gran aventura. También me vienen a la memoria aquellas tardes noches en las que el tiempo apremiaba y no daba para cenar y la socorrida hamburguesa fast food hacía las delicias de mi hermana y mías.

Eran tiempos de cine y siempre los recordaré con mucho cariño. No había cosa que más me gustara por aquel entonces que compartir una buena película de aventuras con mi familia. En unas pocas horas se producían bonitos recuerdos que podían durar toda la semana. ¡Qué digo! toda una vida, sino, ¿qué estoy haciendo ahora?

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2 Responses

  1. Guillermo!!

    ¿Quien no recuerda esos cines de verano? Aquellos lugares cutres, al aire libre, donde por un precio mísero veias dos peliculas una misma noche, de las cuales en principio solo te interesaba una, o quizás ninguna a priori, pero aún así ibas a ver que te ponian. Esas noches de sesiones largas de cine comercial con los amigos en aquellos antros con sillas incomodas a los que llevabas unos cogines de tu casa para estar más cómodo, siempre los recordaré con cariño, porque ya hoy no existen.

    Creo que ahi está un poco la esencia del disfrutar del cine por el cine, con lo básico, con ese ambiente que ahora se ha perdido cuando vamos a estos grandes complejos tipo Kinepolis (que me encantan, todo hay que decirlo, porque también me he vuelto más exquisito) pero que quizás les falta ese alma.

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  2. Mikesaintcross

    Tienes toda la razón. Yo recuerdo un cine de mi adolescencia, de esos en los que las palomitas eran reales. Las hacían en el momento, no como ahora que las bajan de camiones en sacos de plástico enormes que van arrastrando hacia la trastienda para luego presentártelas como si fueran recién hechas. También tenías la cosa de hacer cola para coger la entrada y acceder el primero para pillar el mejor sitio, eeeeh!
    Por supuesto esos cine de verano, de 300 pesetas dos películas, que no sé porque te acababan gustando las dos. Era todo más cercano, más familiar. Ahora está sistematizado, somos esa hormiguita que camina por el excaletric que nos han preparado. Vamos como borregos de taquilla al bar y a la sala a ver la misma película mala una y otra vez.

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