Stephen Daldry vuelve a retratar una historia llena de melancolía, reproches, sentimientos y recuerdos al igual que hizo con “Las horas”. En esta ocasión intenta contar dos historias en una, primero la relación entre dos personas en la que una dobla la edad a la otra y en segundo lugar hacer un juicio público sobre el Holocausto. Al final, ninguna de las dos cosas.

En el primer caso, resulta curioso observar ese intercambio de lectura por sexo, no dejan de ser formas de expresión, de comunicación, en el que los protagonistas, Kate Winslet y el joven David Kross descubren el uno del otro un mundo nuevo totalmente desconocido anteriormente. Es bonita esta relación, pero dura muy poco (en el tiempo, no en el metraje) lo que termina desvirtuando la credibilidad de los sentimientos que en un futuro lejano mostrara el joven Michael, ya no tan joven, bajo la interpretación de Ralph Fiennes.

Por otro lado esta el juicio de valor que la historia hace en el breve juicio sobre los crímenes del nazismo. Aquí nos retrata a un verdugo que es una victima más de las circunstancias, pero que evidentemente no deja de ser lo que es y ser el último responsable de sus actos. Finalmente esta parte se queda un poco coja, porque en si misma daría para más de una película.

Esto me hace ver que al final ni una cosa ni la otra. En “Las horas” Stephen Daldry retrataba diferentes historias pero resultaban  ser la misma en diferentes momentos de la historia. Los mismos sentimientos andaban en juego. Aquí es diferente y aunque se trata de forma muy correcta echo en falta más implicación en cada una de las partes.

Por último Kate Winslet, cuyo trabajo no crea que sea superior al de “Revolutionary Road”, pero la valentía por mostrar su cuerpo sin pudor y la transformación psiquica y física que demuestra la hacen valedora de todos los premios que ha conseguido por su interpretación.

Related Posts

Leave a Reply

Your email address will not be published.