La última película de Darren Aronofsky “The Wrestler“, que narra los últimos días de ring de un luchador de lucha libre (valgame la redundancia) se ha hecho con el León de Oro en el Festival de Venecia, un festival que a ojos de toda la crítica y asistentes ha sido soporífero, lleno de malos títulos y aburridos largometrajes.

Es curioso pero Arnofsky es capaz de lo mejor y lo peor. Tras una magistral “Requiem for a dream” se presentó en Venecia con “The fountain” y se llevó una gran decepción por la acogida que tuvo (gran incompresión del público) y dos años después le dan el León de Oro con “The Wrestler”.

El personaje principal del film (el luchador en cuestión) está interpretado por el resucitado Mickey Rourke, que tras lenvantar cabeza con la extraordinaria Sin City (ya está en proceso la segunda parte) parece ir directo a los Oscar con este papel. Muchas son las voces que así lo afirman y ánimos no le faltan al actor que se deja alabar descaradamente con las ovaciones que está reciviendo por su interpretación.

Yo lo que tengo claro es que el cartel de Venecia de este año no seduce para nada y las flores que está reciviendo la cinta de Aronofsky pasarán al olvido más rápido que lo que queda de verano.

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