Película pequeña, con buen guion, mejor reparto y ambientada en la América sureña profunda, cocktail ideal para un buen empaque y ganar premios. Así resumiría esta película dirigida por Martin McDonagh y protagonizada por Frances McDormand, que va directa al Oscar, aunque me ha gustado infinitamente más el papel que interpreta Sam Rockwell, un gran descubrimiento este año, del que únicamente recuerdo haber visto “Moon” de Sam Bell hace ya unos años.

La historia que narra esta película es dramática y fría como la vida misma, en la que en muchos aspectos me recuerda a las novelas de J.M. Coetezee, en la que los giros terroríficos de la vida ocurren sin avisar, en un instante. Una historia que viene a demostrarnos que polarizar a las personas es algo ingenuo. Somos lo que somos conforme a las circunstancias y la suerte que hemos corrido en el mundo.

Pese a la dureza de la trama, pese al humor tan negro y agradecido y pese a que los intérpretes son formidables y en ningún momento te detienes a mirar la hora, la historia no termina por calar, como espectador me deja en cierta medida ausente ante el drama, sin el impacto que curiosamente si hubiera sentido con un guion probablemente previsible.

No creo que gane el Oscar a mejor película y director. El guion puede estar más cerca pero también lo presiento improbable, pero lo que es innegable es que Frances McDormand, Sam Rockwell y Woody Harrelson estarán en todas las quinielas finalista. Una joyita de película en cuento a las interpretaciones.

 

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