Con esa mirada triste y melancólica perdida en la inmensidad del vacío, se preguntaba Elisa si todo aquello no sería un mal sueño, quizá una pesadilla recurrente de esas que habita en nuestro interior y termina confundiéndonos, haciéndonos creer que los fantasmas de nuestra oscuridad están latentes en cada uno de nuestros pensamientos.
Un sueño, ojala hubiera sido todo un sueño. Elisa vivía una realidad muy dura, más de lo que cualquiera desearía para sentirse vivo.
Frente a ella, sentado en el jardín de su casa se encontraba Daniel, su primer y único hijo, que vivía encarcelado por su propio cuerpo, víctima de su propio destino. Una extraña enfermedad había postergado a Daniel a pasar el resto de su existencia unido a ese engendro mecánico que le mantenía enterrado en vida.
Con la ayuda de su madre podía colocarse en posición horizontal o sostenerse más cómodamente al igual que en un sillón. Un pequeño motor eléctrico hacía estas funciones y otras tantas mucho más vitales, como alimentar la bomba de oxígeno que hacía fluir el aire por sus pulmones, masajear a diario su cuerpo para evitar la atrofidad de sus músculos y también invertir presiones y temperaturas para luchar contra los eczemas cutáneos de la falta de movilidad.
Así estaba Daniel, unido a la vida por los iones de litio de una batería. Dentro de la crueldad de su supervivencia había algo que a Elisa le revolvía las entrañas cada vez que miraba a la cara a su hijo. Y es que, a pesar de la inmovilidad de su cuerpo y la atrofidad de sus músculos, su cara era de una belleza sublime.
Su rostro parecía recoger toda su alma en su interior. Sus facciones gozaban de un perfecto equilibrio, su nariz, sus labios rojizos y carnosos, el suave azul de sus ojos, los prominentes pómulos, una mandíbula bien definida y un cabello, sí, un cabello de corte perfecto que se deslizaba por su rostro hasta unirse con la línea de sus ojos. Era de un rubio castaño del que siempre daban ganas de acariciar, de meter las manos entre sus cabellos recogiéndolos hacia detrás.
Para Elisa suponía un tormento observar la belleza de su hijo. En ocasiones le vestía lo más elegante que podía, tomaba prestada la ropa de su marido y transformaba a su hijo en todo un caballero e imaginaba todo lo que podría haber sido, todo lo que podría haber conseguido.
A veces se sonreía e imaginaba conversaciones con Daniel. Conversaciones en la que él le decía que esa ropa no le gustaba. Quería camisetas de colores y pantalones bermudas. ¿Qué le habría gustado a su hijo? ¿Qué caminos habría tomado? Todo eran suposiciones y estas quedaban en su imaginación, porque nunca había tenido una conversación con su hijo.
Nunca podrá saber cuál es su plato de comida favorito, que camiseta es la de la buena suerte, cuál es el cajón donde guarda sus secretos más íntimos o si tiene algún sueño de futuro.
La hermosura de su rostro era aún más sugerente. ¿Cuántos corazones habría partido? –se preguntaba también. Fantaseaba con que su hijo traía a su novia a casa, que vivía furtivos y apasionados romances. Lo imaginaba en la Universidad, saltándose alguna clase para estar con la chica de sus sueños. También estaban las glorias deportivas, en las que por su altura era miembro del equipo de baloncesto de la facultad, donde ganaban partidos por su coraje y fortaleza.
Soñaba con que su hijo hubiera tenido la oportunidad de desafiar al destino y no que la suerte se hubiera adueñado de su fortuna. Que hubiera hecho locuras, que hubiera arriesgado su vida a lomos de una motocicleta maldita, que la infatigable rebeldía de su juventud hubiera tomado las riendas en mil experiencias al borde del abismo, pero nunca que un capricho divino decidiera por él.
Elisa tenía motivos para perder su mirada de aquel modo. Le habían robado la oportunidad de ver la vida a través de los ojos de su hijo. No había nada que pudiera calmar su desasosiego, el único refugio que tenía eran sus sueños. El sueño de otra vida mejor, de que Daniel gozara de la plenitud que le habían negado. Ojala hubiese podido regañarle alguna vez por unas malas notas, por no haber venido a casa a dormir sin avisar o incluso que hubiera sufrido un trágico accidente de coche que le hubiese fracturado mil huesos si más. Todo salvo lo que le había tocado vivir.
Se acordaba de Dios en alguna ocasión, aunque no para bien. Maldecía su nombre y todas sus formas. La poca fe que un día tuvo se desvaneció el día que le comunicaron el fatal destino de su hijo.
-¿y el futuro? Era más oscuro que el presente. Ella era lo único que tenía Daniel. Ella era quien revisaba el correcto funcionamiento del aparato que le mantenía en vida y quien le profesaba un amor más allá de la inutilidad de su cuerpo. ¿si con su amor pudiera cambiar algo? ¿si su sacrificio tuviera algún significado? –se preguntaba en repetidas ocasiones.
Sólo había una forma de conocer el desenlace de Daniel, pero claro, esta era una decisión muy dura para una madre. No podría soportar arrebatarle la vida a su hijo. Aunque lo deseaba, algo en su fuero interior se lo impedía, no perdía la esperanza y se negaba así misma que algún día no estaría ahí para cuidarle. Vivía como en un extraño bucle temporal del que pensaba que nunca saldría. Pero el tiempo, conforme a su vieja costumbre, pasaría e irreversiblemente dejaría a Daniel a merced ¿de qué? ¿de quién?
Así pasaban la tarde. Uno frente al otro en el jardín de casa. Ella con su té al limón, él tan guapo y elegante como su madre imaginaba, y ambos, sumidos en su inerte compañía.

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10 Responses

  1. JAVITO

    Al comienzo pensé que era como un anuncio de la dirección general de tráfico pero finalmente me dí cuenta que es un hecho tan real como la vida misma.

    Me he emocionado bastante y ha hecho que me pare durante unos minutos para pensar.

    Congratulations 🙂

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  2. Mer

    Un cuento precioso, me emocionado leyéndolo. Qué imaginación, nunca dejes de escirbir!!!!

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  3. MARIPILI

    La historia me gusta, un buen enfoque, ahora puedes escribir otro distinto desde los pensamientos de Daniel. Aunque para mi gusto, el relato no necesita tanta diversidad de ejemplos para remarcar aun más la dramática situación de esta familia, pues por si sola, la historia ya es lo suficientemente triste y dura.

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  4. Mike

    Para Maripili: Una opinión válida pero discrepo en lo de “la diversidad de ejemplos”, porque no son ejemplos. Es una “breve” descripción de la vida y los pensamientos de una persona. Te aseguro que cualquiera que viva una situación similar te diría que todavía se podrían poner muchas más cosas.
    Para Mer: Gracias, en eso estamos.

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  5. Laura

    Que bonito relato, como ya han dicho varios aki, yo tb me he emocionado, qué bien descrita la situación y qué ternura y melancolía desprende. Me gustaría que pusieras más relatos como este, es de agradecer leer algo de calidad de vez en cuando. Un saludo.

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  6. ANGEL

    Me he emocionado. Una bella historia. La realidad del día a día que trasciende en muchos hogares, en muchas familias. Un ejemplo de lucha y de amor elevado al máximo exponente.
    Te felicito narrador.

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  7. Ana

    Es precioso Miguel. Que razon tienes con que es la realidad de muchas familias….verdad? Te felicito porque tienes un don para escribir¡¡¡

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  8. Mike

    Gracias Ana, da gusto tanto comentario positivo. Así es, demasiadas realidades como esta. Ojalá fuera sólo un sueño.

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