Como bien indica su título, la primera incursión en el largometraje de Chapero-Jackson es puro verbo. En su primera película ha querido continuar con ese universo suyo tan particular en el que la metafora y la ensoñación campan a sus anchas.

No podemos negar que cada uno de los fotogramas respira creatividad y una cartera de intenciones muy amplia, pero la realidad es que la trama tarda bastante en arrancar y una vez metidos en faena falta profundidad y perspicacia a la hora de poner las cartas sobre la mesa y tratar de lucir el juego de rimas en el que se traza la lírica del film.

Tampoco podemos negar que el mensaje de la película va muy acorde a la situación que vive occidente y a la vez con las inquietudes propias de la adolescencia, lo que si duda será muy bien recibido por este público ( ¿por qué os creéis que está Telecinco en la producción?) aunque habrá que ver si no es muy abstracta y metafórica para su público objetivo.

En cualquier caso me gusta la reflexión sobre el ritmo de vida que llevamos, en el que parecemos zombies del sistema que se olvidan de amar, sentir, vivir y ser felices, como es el caso de los padres de la joven protagonista. También es de agradecer el inconformismo que desprende y la voluntad por revelarse contra el sistema, contra las normas caducas y todo aquello que no haga sentir sin libertad.

Me quedo con una de las frases de la película; “Lo que veo no se merece mi silencio”

 

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