Oliver Stone por fin estrena en España la segunda parte de su film sobre el mundo de las finanzas. Han pasado 23 años desde que Michael Douglas interpretara al gran Gordon Gekko, papel por el que ganó el Oscar. Esta vez parece volver algo más sincero y menos cabroncete que en su anterior entrega, pero ya sabéis aquello de que “quien tuvo retuvo”.

Oliver Stone muestra cierta maestría delirante con el movimiento de sus cámaras, con algún plano muy interesante  y vistas de pájaro.  Nos relata una historia basada más en las emociones e historias personales de sus personajes, en la que  se adentra en la vida privada de Gordon Gekkko y su relación con su hija, de mano del novio de la misma. Interpretado por Shia Labeouf, que cada día gana en carisma ante el objetivo.

Es verdad que volver a contar la misma historia que ya contó en 1987  sería algo así como autorehacerse, pero Oliver Stone se aleja demasiado del thriller y de la trama financiera, convirtiéndola por momentos en una mera excusa para usarla como vehículo conductor de otra historia. Hubiera estado mucho mejor ver a un Oliver Stone comprometido, crítico y directo al grano. Con la crisis financiera actual y lo sucedido en los últimos dos años tenía material más que suficiente para desenmascarar a la gallina de huevos de oros y mostrar la realidad del capitalismo. A esto añadimos un lenguaje y unas explicaciones que dejarán a muchos espectadores algo confusos o perdidos en la maraña de la jerga brokeril.

Por otro lado están muy graciosos los guiños a Kirk Douglas, al propio Michael o la aparición de Charlie Sheen recordando la historia que sucedió en el pasado. ¡Qué deciros de los cameos de Oliver Stone!

En resumen, os puedo decir que “Wall Street: El dinero nunca duerme”, representa el típico “quiero y no puedo” pero que a pesar de la distancia que pueda haber con su antecesora no deja de ser una buena reflexión sobre el mundo en el que vivimos y el fin del sistema establecido.

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