Este viernes llega a todos los cines la nueva entrega de X-Men que nos trae una historia repleta de clichés infinitamente quemados. Bryan Singer vuelve a la realización con esta nueva película, uno de los filones de Fox, en el que han invertido cerca de 240 millones de dólares, presupuesto estratosférico que seguramente recuperen con el primer fin de semana de estreno mundial.

La historia hace aguas por todas partes, con un malo malísimo resurgido del antiguo Egipto  con unas inmensas botas de astronauta que auguran su torpeza a la hora de acabar con el mundo. Una narrativa lenta y soporífera nos acompaña las casi tres horas de metraje, dentro de un caos en el que llegas a preguntarte en que película estás, ¿Star Wars?  ¿Indiana Jones? ¿Blade Runner? En definitiva un argumento fallido que trata de sobrevivir con un gran reparto que llena el resto de lagunas del film.

Aquí nos encontramos con una Sophie Turner (Sansa en Juego de Tronos) que promete convertirse en una estrella del cine en los próximos años. Su papel, uno de los secundarios, llena la pantalla cada vez que aparece y termina haciéndose con la película. Lo mismo ocurre con la fuerza interpretativa de Michael Fassbender en el papel de Magneto, la parte masculina con más talento en el film.

De todo esto me quedo con la escena de Quicksilver (Evans Peters) que todos estuvimos esperando durante dos horas en la que el tiempo parece detenerse a su gran velocidad de movimiento. Lo mejor de la película.

Related Posts

Leave a Reply

Your email address will not be published.