Tras ver la última película del director danés Nicolas Winding Refn comprendo perfectamente el abucheo que sufrió en Cannes con su estreno, hecho que se repite una vez más, como ya ocurrió con “Sólo Dios Perdona”. Y es que cada día tengo más claro que “Drive” fue lo más contenido que ha podido mostrarse y tras este título ha iniciado su carrera personal hacia su estilo más personal. Algo similar a lo que le viene ocurriendo a Terrence Malick, que tras “El árbol de la vida” su caída en barrena es vertiginosa título tras título.

Son directores tocados por una varita mágica, porque la mayoría no duraría ni un asalto más en la industria con este tipo de estrenos.

En cualquier caso ahí está “The Neon Demon”, estrenada el año pasado y cuya estética hipermarcada son el sello de la cinta. Un diseño de producción que marca la historia por completo, parece como si la estética, el diseño y las formas hubieran sido lo primero y a partir de ahí se hubiera escrito el guion.

En cualquier caso, pese a la estética, el ritmo y las pretensiones, el tras fondo tiene mucha miga y en algunos aspectos llega a recordarme a Lynch, pero sólo recordarme. :-).

El fondo es la banalidad de la belleza, de la juventud, es una crítica al posmodernismo actual pasado de rosca, de un mundo dónde sólo vale la belleza, hasta tal punto que es sintética, la obsesión por un don que no todos posees hace perder la cabeza y cada cual llega a construirse la propia.  Un mundo frío, desolador, carente de valores (perfectamente retratado) que termina fagotizando todo aquello que lo amenace.  En este aspecto es impecable, pero con las mismas recuerdo “Juventud” de Sorrentino y veo mucho más arte para contar algo similar y cuyo mensaje cala más en el espectador.

En definitiva, una cinta muy artística, donde prima la pose, el encuadre, la luz, LA BELLEZA, y donde todo eso debe crear en el espectador esas sensaciones que ha preferido eliminar del guion.

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